OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, está echando el resto para convertirse en el líder absoluto de la inteligencia artificial generativa a un precio demasiado elevado.
Un buen ejemplo lo tenemos con Sora su app que permite crear vídeos cortos a partir de texto, te permite escribir “una cabra en patinete por las calles de París” y el sistema te lo mostrara en pantalla, animado y con gran realismo. A pesar de haber empezado como una app solo por invitación en iOS, en solo una semana consiguió un millón de descargas, y a finales de octubre ya se acercaba a los 4,5 millones de usuarios.
¿El resultado? Millones de vídeos generados cada día, muchos sin ninguna utilidad, pero todos consumiendo una potencia de cálculo descomunal.
¿Cuánto cuesta crear un vídeo de 10 segundos?
Aunque los precios pueden variar según el modelo de IA que se use y la eficiencia de los sistemas, los expertos coinciden en que cada vídeo cuesta en torno a 1,3 dólares solo en costes de procesamiento. Esto se debe a que generar vídeo con IA es mucho más complejo que generar texto: hay que tener en cuenta tres dimensiones, el movimiento, la coherencia entre frames y la iluminación, entre otras muchas cosas.
Según cálculos basados en 4,5 millones de usuarios activos y asumiendo que un 25% de ellos genera una media de 10 vídeos diarios, se estarían creando más de 11 millones de vídeos al día, lo que se traduce en unos 15 millones de dólares diarios en costes operativos. Hablamos de más de 5.000 millones al año quemados en una herramienta que, por ahora, es gratuita.
¿Por qué alguien invertiría tanto en algo que no da dinero?
La estrategia de OpenAI no es nueva: gastar ahora para captar usuarios y monetizar después. Es el modelo que siguieron redes sociales como Facebook o YouTube en sus inicios, o incluso plataformas como Spotify. Primero atraes a millones de personas, luego buscas la forma de que paguen.
El problema es que el coste por usuario es astronómico, y ni la publicidad ni las suscripciones parecen suficientes, al menos a corto plazo. Sam Altman, CEO de OpenAI, ya lo ha dicho abiertamente: “No hay modelo publicitario que pueda pagar el coste de hacer vídeos para memes”.
Entonces, ¿cuál es el plan? Posiblemente una combinación de:
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Cobrar a los usuarios premium (productores, cineastas, agencias).
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Limitar el acceso gratuito para reducir el gasto.
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Usar los vídeos generados como datos de entrenamiento para mejorar otros modelos de IA, lo que a medio plazo podría traducirse en una ventaja competitiva frente a otras tecnológicas.
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Reducir los costes de computación a medida que se optimiza el software y bajan los precios de los chips.
Hay quienes comparan esto con regalar productos para que la gente los pruebe. Pero en este caso, cada regalo cuesta más de un dólar, y el ritmo al que se producen es difícil de sostener incluso para una empresa valorada en 500.000 millones.
A esto hay que sumarle que OpenAI ya pierde más del doble de lo que gana, con unas pérdidas superiores a los 12.000 millones en el último trimestre. Así que aunque Sora pueda parecer un experimento divertido, es también una jugada financiera de alto voltaje.
Puede que en el futuro veamos a Sora como el germen de una revolución en el cine, la publicidad o la educación visual. Pero hoy por hoy, lo que tenemos es una app de vídeos virales que está quemando dinero a un ritmo de vértigo.
Hola economista.
No he leído el artículo pero sí que veo como baja este servicio tío web en el motor de búsqueda. Por ejemplo en duck duck go ya ni aparece.
Las malas decisiones que tanto criticas te han llegado.
Pero nada, tú sigue de vez en cuando poniendo en cuestión las pensiones, mientras te dure.