Durante años, invertir en energías renovables era como tener un billete ganador en la mano. El mundo entero se lanzaba a construir parques solares y eólicos como si no hubiera un mañana, impulsados por el entusiasmo político, las exigencias climáticas y un apetito financiero voraz. Pero ahora, los dos gigantes eléctricos españoles, Iberdrola y Endesa, han encendido las luces de emergencia: la rentabilidad ya no está asegurada, y el sector empieza a pisar el freno.

Ambas compañías han presentado recientemente sus planes estratégicos y, aunque las renovables siguen siendo una parte importante de su negocio, el mensaje ha cambiado: más cautela, menos euforia y un enfoque mucho más selectivo.

Cuando producir energía sale «demasiado barato»

Uno de los fenómenos que ha desatado esta nueva prudencia es lo que se conoce como canibalización del mercado eléctrico. Suena dramático, y en cierto modo lo es: cuando todos los parques solares producen electricidad al mismo tiempo —cuando hace sol—, la oferta se dispara, pero la demanda no crece al mismo ritmo. ¿Resultado? Los precios caen en picado, hasta el punto de que algunos productores apenas ganan nada, o incluso pierden dinero.

José Bogas, CEO de Endesa, lo explicó esta semana con claridad —y un toque de ironía—: «Hoy en día, invertir en solar… chapó por los que lo hacen, porque seguro que les salen las cuentas, pero a mí no me salen». Según el ejecutivo, si en 2019 los parques solares vendían su energía al 100% del precio del mercado mayorista, ahora apenas obtienen un 65%.

Ante esta situación, Endesa ha optado por ralentizar el desarrollo de nuevos proyectos solares, y en lugar de seguir creciendo a toda costa, prefiere centrarse en instalaciones más equilibradas, como las hidráulicas, que no dependen tanto de la hora del día o del clima.

Iberdrola: más redes, menos riesgo

Iberdrola también ha reorientado su estrategia. Aunque mantiene una enorme inversión prevista en energías limpias (21.000 millones de euros hasta 2028), destinará una cifra aún mayor, 37.000 millones, al desarrollo y mejora de redes eléctricas.

¿Por qué este cambio? Porque las redes ofrecen una rentabilidad más estable y segura. No dependen del viento, del sol ni de los vaivenes del mercado eléctrico diario. Ignacio Galán, presidente de la compañía, lo dejó claro: «Estamos en una nueva era de la electrificación, que no solo tiene que ver con las renovables, tiene que ver con las redes».

Además, Iberdrola priorizará terminar los parques renovables que ya están en marcha, en lugar de lanzarse a nuevas aventuras. Y a la hora de iniciar nuevos proyectos, la consigna será una sola: solo si son rentables desde el principio.

La era del almacenamiento y los contratos a largo plazo

El giro estratégico también implica apostar por tecnologías más flexibles. El caso más destacado es el del almacenamiento, una tendencia en auge. Iberdrola está reforzando su cartera de centrales hidroeléctricas de bombeo, una especie de “baterías naturales” que permiten guardar energía cuando sobra y liberarla cuando más se necesita. Ya tiene 3 gigavatios de esta tecnología en cartera.

También se apuesta por firmar contratos a largo plazo con empresas industriales para asegurar la venta de la electricidad antes de que se produzca. Vender al precio del mercado ya no es tan atractivo como antes, así que asegurar ingresos estables es ahora una prioridad.

El futuro es renovable, pero más selectivo

El entusiasmo por las renovables no ha desaparecido, pero la era del “todo vale” ha llegado a su fin. Tanto Endesa como Iberdrola están redefiniendo sus apuestas para adaptarse a un mercado más maduro, más competitivo y, sobre todo, más exigente. Invertir en verde sigue siendo el camino, pero ya no basta con subirse a la ola: ahora hay que hacerlo con cálculo, estrategia y paciencia.