En un escenario económico que parece adverso desde cualquier ángulo, la fortaleza del rublo ruso ha tomado a analistas y mercados por sorpresa. En lo que va del año, la moneda ha escalado más de un 40%, liderando el ranking global de divisas, según datos de Bank of America. Este sorprendente repunte contrasta fuertemente con la caída sufrida por el rublo en los últimos dos años, cuando su valor se desplomó tras la invasión de Ucrania, las sanciones occidentales y el aislamiento financiero.

Pero, ¿qué explica este rally aparentemente contraintuitivo?

Lejos de reflejar una mejora en la confianza internacional hacia Rusia, el repunte del rublo se apoya en factores internos y controles estatales: tipos de interés elevados, controles de capital más estrictos y señales –aún tenues– de avances en un posible acuerdo de paz con Ucrania.

Desde 2022, el Banco Central de Rusia mantiene una política monetaria muy restrictiva, con un tipo de interés de referencia del 20% (hace 11 días lo bajó del 21% al 20%), en un intento por frenar la inflación. Esta estrategia ha desincentivado el crédito y restringido el consumo interno, sobre todo en el segmento de bienes duraderos como electrónica o automóviles, lo que a su vez ha reducido drásticamente la demanda de divisas extranjeras por parte de los importadores rusos.

Además, los grandes exportadores —especialmente en el sector energético— están obligados por ley a repatriar y convertir parte de sus ingresos en divisas a rublos, lo que genera una demanda artificial pero sostenida de la moneda nacional. Entre enero y abril de 2025, estas conversiones sumaron 42.500 millones de dólares, un 6% más que en el cuatrimestre anterior, según el Banco Central de Rusia.

El recorte en la oferta monetaria también ha jugado a favor del rublo, destaca que el crecimiento de la base monetaria pasó de un 23,9% anual en agosto de 2023 a contraerse un 1,19% en lo que va de 2025, lo que contribuye a apuntalar la divisa.

Asimismo, la elección de Donald Trump en EE.UU. y las expectativas de un eventual acuerdo de paz con Ucrania han generado algo de optimismo entre los inversores, lo que ha favorecido un leve retorno de capital hacia activos en rublos, a pesar de las restricciones aún vigentes.

No obstante, los analistas advierten que esta fortaleza podría ser más coyuntural que estructural ya que los precios del petróleo, que han caído de forma significativa este año, (aunque han subido la semana pasada a raiz del conflicto entre Israel e Irán) lo que afecta directamente los ingresos por exportaciones y reduce la entrada de divisas.

El riesgo es doble: un rublo fuerte combinado con precios del crudo a la baja erosiona los márgenes de las empresas exportadoras y presiona las finanzas públicas. En 2024, los ingresos por petróleo y gas representaban cerca del 30% del presupuesto federal ruso. Ante esta situación, el gobierno ha recurrido más intensamente al Fondo Nacional de Bienestar para cubrir el gasto público y no se descartan recortes en áreas no prioritarias si la tendencia se mantiene.

Por otra parte, si se concretara un acuerdo de paz, el escenario podría cambiar drásticamente. La eliminación de controles de capital y una bajada de tipos por parte del banco central podrían provocar una rápida depreciación del rublo.

Y aunque una moneda fuerte suele ser símbolo de estabilidad, en el caso ruso refleja más una economía contenida por la fuerza que una recuperación genuina.