En los últimos meses, José Elías se ha convertido en una figura recurrente en redes sociales y podcasts donde comparte, sin filtros, sus vivencias como empresario. Propietario de más de 180 compañías —entre ellas, La Sirena y Audax Renovables—, no duda en hablar tanto de sus aciertos como de sus errores. Uno de los temas que más reacciones ha generado es su visión sobre la compra de coches, especialmente cuando se hace a través de una empresa.
Elías desmonta con claridad una idea que muchos empresarios noveles dan por hecha: que adquirir un coche a nombre de la sociedad es siempre ventajoso. En sus palabras, “si te lo compras a nombre de la empresa, te calzan”. ¿Por qué? Por cómo funciona la amortización. Según explica, cuando compras un vehículo nuevo y lo amortizas en cinco años, su valor contable baja un 20 % anual hasta quedar, literalmente, en cero. Aunque el coche siga funcionando y puedas venderlo por 7.000 euros, en los libros de la empresa es un activo ya depreciado, y esa operación puede traer consecuencias fiscales no siempre beneficiosas.
Para Elías, este es un error común entre quienes mezclan el patrimonio personal con el empresarial. Lo deja claro al hablar de uno de sus primeros superdeportivos: un Lamborghini que compró cuando apenas se pagaba una nómina de 1.500 euros al mes. Pese a irle bien en los negocios, asegura que tuvo que organizarse para generar ingresos personales, repartir dividendos y así poder justificar el gasto sin recurrir a fondos de la empresa. “Yo dinero en cuenta no he tenido nunca”, recuerda, para desmontar la idea de que los empresarios de éxito siempre tienen liquidez.
Otro aspecto que destaca es su forma de gestionar los “caprichos” automovilísticos, como los Ferrari que cambia prácticamente cada año. Aquí, José Elías deja entrever un enfoque metódico. Solo adquiere unidades “kilómetro 0” con muy poco uso, lo que le permite evitar el golpe de depreciación más brusco. Según sus cálculos, perder entre 20.000 y 30.000 euros al venderlo al cabo de un año convierte la experiencia en algo asumible dentro de sus finanzas personales. “Es un capricho, pero no es un capricho tan caro”, asegura.
Lo que subyace en todos sus planteamientos es una filosofía empresarial que no separa los números del sentido común. “Necesitas a alguien de confianza que te diga si lo estás haciendo bien o si te estás flipando”, reflexiona. El mensaje va más allá del mundo del motor: no se trata de no gastar, sino de saber cuándo y cómo hacerlo, y con qué dinero.
Este tipo de reflexiones, poco habituales en figuras públicas del ámbito empresarial, están conectando con una audiencia que no solo busca inspiración, sino también transparencia sobre lo que implica de verdad gestionar una empresa, mantenerla rentable y, en algunos casos, darse el gusto de conducir un Ferrari entre semana.