Esta semana ha ido a divertirse al programa de  Jimmy Fallon, el mismísimo Bill Gates, y entre otras cosas dejó una frase de esas que pueden dejarle en ridículo o como un gurú: “en los próximos diez años, los humanos dejarán de ser necesarios para la mayoría de las cosas”. Así, sin anestesia. El cofundador de Microsoft habló sin rodeos sobre cómo la inteligencia artificial transformará radicalmente el mundo tal como lo conocemos, reemplazando funciones humanas en sectores tan amplios como la educación, la medicina o la producción de alimentos.

Gates lleva tiempo apostando por la IA. No como una moda pasajera, sino como una revolución comparable a la llegada de Internet o el ordenador personal. Pero esta vez, asegura, el cambio será más veloz y profundo. “Vamos hacia una era de inteligencia gratuita”, explicó en otra conversación con el académico Arthur Brooks. Y cuando habla de “gratuita” no se refiere al precio, sino a su disponibilidad: tutores virtuales, médicos digitales y asistentes personalizados serán tan comunes como el correo electrónico.

El trabajo humano, en el punto de mira

El debate no es nuevo, pero se intensifica. ¿La IA viene a quitarnos el trabajo o a ayudarnos a hacerlo mejor? Algunos expertos ven en ella una aliada para aumentar la productividad y liberar tiempo. Otros, como Mustafa Suleyman (actual CEO de Microsoft AI), piensan lo contrario: las máquinas, tarde o temprano, no solo nos complementarán, sino que directamente nos reemplazarán.

Suleyman no lo plantea como una amenaza lejana, sino como algo que ya está en marcha. En su libro The Coming Wavedescribe un escenario en el que la mayoría de los trabajos actuales cambian de forma radical o desaparecen. Según él, la IA no es solo una herramienta para trabajar más rápido, sino una tecnología que hace innecesario al trabajador en muchos procesos.

Gates, por su parte, se muestra más optimista, aunque no niega los riesgos. Apuesta por una sociedad en la que los humanos seguirán teniendo un papel en tareas que queremos seguir haciendo nosotros mismos, como los deportes o las relaciones personales. Pero en otras áreas —como “hacer cosas, mover cosas o cultivar alimentos”— cree que la tecnología resolverá los problemas casi por completo.

Un futuro lleno de incógnitas… y dinero

Lo que Gates tiene claro es que, si volviera a empezar, fundaría una empresa de IA. “Hoy alguien puede levantar miles de millones solo con unas cuantas ideas vagas en una servilleta”, dijo en una entrevista con CNBC. Para él, el momento es ahora. Por eso anima a jóvenes programadores y emprendedores a lanzarse a explorar este “nuevo territorio”.

Y es que Gates ya venía avisando. En 2017, cuando todavía no existía ChatGPT, ya hablaba de los avances “asombrosos” de la IA, como la hazaña de DeepMind venciendo a campeones humanos en el juego Go. Pero incluso él se ha visto sorprendido por la velocidad reciente: en 2023, OpenAI logró desarrollar un modelo capaz de aprobar un examen avanzado de biología en apenas unos meses, algo que Gates pensaba que llevaría años.

Claro que el entusiasmo no le impide ver las sombras: desde errores de los modelos actuales hasta su facilidad para propagar desinformación. En un post de 2023 reconocía que las preocupaciones sobre la IA son “comprensibles y válidas”.

El reto no es solo tecnológico, sino profundamente humano: ¿qué queremos que siga siendo cosa de personas, y qué estamos dispuestos a delegar para siempre en una máquina?