La administración de Donald Trump ha dado inicio a una nueva era de conflictos comerciales al amenazar con imponer aranceles del 25% a las importaciones desde Canadá y México, y del 10% a los productos chinos. Una medida que el Wall Street Journal la calificó como “la guerra comercial más tonta de la historia”.

Trump justificó los aranceles asegurando que se trata de una respuesta a la “grave amenaza” que representan la inmigración ilegal y el tráfico de drogas, en particular el fentanilo. Sin embargo, muchas son las voces que avisan que esta decisión podría impactar negativamente en la economía estadounidense, aumentando la inflación y afectando el comercio con sus socios más cercanos.

Por ejemplo, Gregory Daco, economista jefe de EY, estima que la medida aumentaría la inflación en 0.4% y reducirá el PIB de EE.UU. en 1.5% este año. Un informe de la Budget Lab de la Universidad de Yale prevé que los aranceles costarán a cada hogar estadounidense entre $1,000 y $1,200 dólares en poder adquisitivo anual.

En otro sentido, Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, adoptó un tono más pragmático, asegurando en el Foro Económico de Davos que los aranceles pueden ser una herramienta útil para presionar a otros países en negociaciones comerciales. “Si es un poco inflacionario, pero es bueno para la seguridad nacional, que así sea”, comentó.

La respuesta de los socios comerciales de EE.UU. no se han hecho esperar anunciando también aranceles de represalia. En el caso de China, respondió de inmediato con una denuncia ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), calificando las medidas de EE.UU. como “prácticas comerciales injustas”.

El Wall Street Journal criticó duramente la decisión de Trump, señalando que su enfoque parece estar dirigido hacia una economía de autarquía, en la que EE.UU. produciría todo internamente sin depender de importaciones. “Ese no es el mundo en el que vivimos ni en el que deberíamos querer vivir”, advirtió el diario.

Incluso economistas conservadores han expresado su preocupación. Larry Summers, exsecretario del Tesoro, calificó la medida como “una herida autoinfligida” y alertó sobre un posible aumento de la inflación en los próximos meses.

Los sectores más afectados serán aquellos que no pueden almacenar grandes cantidades de productos importados, como el agroalimentario. No se pueden almacenar aguacates, flores o plátanos indefinidamente.

La incertidumbre se cierne sobre la economía estadounidense (y también mundial) mientras sus aliados y competidores comerciales evalúan sus siguientes pasos. Con las elecciones legislativas en el horizonte, la pregunta es si esta estrategia le costará caro a Trump en términos de apoyo político y estabilidad económica. Conociendo a Trump esto tiene pinta de ser un farol pero la preocupación es razonable.