A Donald Trump los tipos de interés actuales le parecen demasiado altos, una postura que plantea, de nuevo, un escenario de enfrentamiento con el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, quien ya tuvo presiones similares durante el primer mandato de Trump.

“Estamos heredando una situación difícil de la administración saliente, y están haciendo todo lo posible por complicarla. La inflación sigue descontrolada, y las tasas de interés son excesivamente altas,” afirmó Trump durante una rueda de prensa en su club Mar-a-Lago, Florida.

Un legado inflacionario con ajustes recientes

La economía y los precios elevados fueron uno de los pilares de la campaña republicana. La inflación alcanzó su pico más alto en décadas con un 9.1% en junio de 2022. Desde entonces, ha caído al 2.7% en noviembre de 2024, gracias a medidas agresivas de la Fed que incluyeron múltiples aumentos de las tasas de interés, llevándolas a niveles no vistos en 20 años. Recordemos que allí tienen los tipos de interés entre el 4,25% y el 4,5% a pesar de haber tenido tres reducciones consecutivas.

Trump nombró a Powell como presidente de la Fed en 2017, pero su relación se deterioró rápidamente debido a los desacuerdos sobre política monetaria. Durante su primer mandato, Trump presionó públicamente a Powell para recortar las tasas y reactivar el crecimiento económico, rompiendo con la tradición de independencia política del banco central.

Aunque Powell ha confirmado que no planea renunciar antes de 2026, las críticas de Trump durante la campaña han avivado las tensiones. El presidente electo calificó a Powell de “político” y sugirió que los recortes de tasas anunciados antes de las elecciones buscaban favorecer a los demócratas.

Con la próxima reunión de la Fed programada para finales de enero, justo después de que Trump asuma el cargo, las decisiones de política monetaria cobran un nuevo interes. Trump insinuó que debería tener mayor influencia en la política monetaria debido a su experiencia en negocios, aunque matizó su postura al señalar que “hablar está bien, pero no significa que tengan que escuchar”.

La independencia de la Reserva Federal será puesta a prueba nuevamente en un entorno económico marcado por altos niveles de deuda pública, una inflación persistente y la expectativa de más recortes de tasas para estimular la economía.