«Los europeos no pueden comprar coches. No pueden ahorrar lo suficiente para hacerlo». Esta frase, que es una verdad como un tempo es de Luca de Meo presidente de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) y CEO de Renault, dejando bien claro el sombrío panorama de una clase media debilitada. Esta situación, agravada por la inflación y los costes asociados al mantenimiento de un vehículo —como combustible, estacionamientos y multas—, está empujando a muchos compradores a optar por automóviles más asequibles, a menudo de marcas chinas.

China se está consolidando como un fuerte competidor en Europa, gracias a precios más bajos y una creciente presencia en el mercado de vehículos eléctricos. Este desafío se produce incluso después de que la Unión Europea impusiera aranceles para proteger a los fabricantes locales. Sin embargo, estas medidas parecen insuficientes frente a la eficiencia y competitividad del gigante asiático.

De Meo propone un regreso a los coches pequeños (o mejor dicho, baratos) como una solución para democratizar la movilidad en Europa. Sin embargo, la normativa actual hace que sea casi imposible producir vehículos pequeños a precios accesibles, debido a los costes adicionales derivados de cumplir con los estándares de emisiones y seguridad.

«Europa está perdiendo terreno», advirtió De Meo, sugiriendo que la combinación de políticas restrictivas y el impacto del descenso del poder adquisitivo podría dejar al continente en una posición débil frente a competidores globales.