Últimamente tenemos bastantes noticias sobre empresas que poco a poco van a terminar con el teletrabajo principalmente, sin ir más lejos la semana pasada, Amazon dijo a sus empleados que tenían que volver a las oficinas.

«Hemos observado que es más fácil para nuestros compañeros aprender, moldear, practicar y fortalecer nuestra cultura; colaborar, hacer lluvia de ideas e inventar es más sencillo y efectivo”.

Sin embargo, los datos  muestran que los empleados remotos son igual o más productivos, con mejor bienestar y menos ganas de renunciar. Lo que parece afectar la productividad no es el teletrabajo en sí, sino la falta de recursos y apoyo de las empresas.

¿Pero por qué este empeño en regresar a la oficina? La respuesta podría estar en el sector inmobiliario. Los grandes propietarios de edificios de oficinas están atrapados en una crisis sin precendentes con miles de oficinas vacías y deudas imposibles de pagar.

El problema es realmente grave, de esos demasiado grandes como para dejarlo caer,  un porcentaje significativo de oficinas está desocupado, y si estos propietarios no encuentran cómo rentabilizarlas pronto, veremos una oleada de bancarrotas que afectará no solo a los dueños, sino también a los bancos y, en última instancia, a la economía en su conjunto.

Las grandes ciudades, que dependen del comercio que generan los trabajadores presenciales y de los impuestos sobre esas propiedades, también están en apuros. Edificios vacíos significan menos ingresos, y muchas urbes ya están sufriendo el golpe. En Nueva York, por ejemplo, se ha perdido casi medio billón de dólares en valor inmobiliario solo en oficinas.

El fondo del asunto es claro: los intereses de las grandes fortunas están entrelazados con el mercado inmobiliario. Y si este colapsa, no solo ellos pierden dinero, sino que la economía podría sufrir otro duro golpe. Por eso, algunos empresarios y medios parecen más interesados en llenar esos edificios a cualquier costo que en el bienestar de sus empleados.