El mercado de valores de China tuvo un difícil 2023 y la tendencia negativa se ha acelerado en las primeras semanas del este año, tras ver como desde el gobierno no aportan soluciones para paliar la desaceleración económica.  El índice compuesto de Shanghái, en China continental, se desplomó ayer un 2.7% en su mayor caída diaria desde abril de 2022. El índice componente de Shenzhen, un referente importante para la tecnología, tuvo su peor día en casi dos años, cayendo un 3.5%. Los índices han caído un 4.8% y un 7.7% respectivamente en los primeros días de negociación de 2024. Es el peor comienzo de año para las acciones chinas desde 2016, cuando los inversores se deshacían de sus acciones después de un colapso del mercado en 2015. Una burbuja estalló a medida que la economía mostraba signos de tensión y los precios de las acciones superaban con creces las ganancias de las empresas.

Las fuertes pérdidas del mercado este año llegan después de un año difícil el año pasado, cuando el índice CSI 300, que comprende 300 acciones importantes cotizadas en Shanghái y Shenzhen, cayó más del 11%. Para ponerlo en perspectiva, el  S&P500 de Estados Unidos subió un 24% en 2023, mientras que el de Europa lo hizo en casi un 13%. El Nikkei 225 de Japón se disparó un 28% el año pasado y sigue fuerte, registrando ganancias de casi el 10% en lo que va de mes.

En los últimos meses, una crisis inmobiliaria, el crecimiento más lento (fuera de la pandemia) en décadas y una represión sobre algunos negocios han combinado para socavar la confianza de los inversores que además están decepcionados con que  el banco central de China no reacciones y haya decidido mantener los tipos de interés.

Por otro lado, los datos demográficos publicados el miércoles pasado confirmando que la población de China está envejeciendo y disminuyendo no han ayudado a calmar las ansiedades de los inversores.

Los inversores están ya agotados por una serie de datos económicos decepcionantes provenientes de Pekín. La economía del país creció un 5.2% el año pasado, uno de los peores desempeños económicos de China en más de tres décadas. El Fondo Monetario Internacional pronostica que el crecimiento económico del país se desacelerará a un 4.2% este año.

En 2023, los inversores esperaban ansiosamente una recuperación de la economía china después de que Pekín decidiera abandonar su estricta política de cero Covid a fines del año anterior. Esa robusta recuperación nunca llegó y los inversores votaron con sus pies. Según el Ministerio de Comercio de China, la inversión extranjera directa en el país cayó un 8% en 2023 en comparación con el año anterior.

Los inversores también se han mostrado reacios ante la amplia represión de Pekín sobre la empresa privada, que comenzó a finales de 2020 e incluyó multas a empresas extranjeras y la detención de sus empleados en nombre de la seguridad nacional.

En su discurso del 16 de enero, Li trató de tranquilizar a los inversores internacionales de que China representaba «no un riesgo sino una oportunidad» y se comprometió a crear un entorno «de clase mundial» para que las empresas extranjeras hagan negocios en el país.

En este entorno, el varios brokers del país han suspendido las ventas en corto, una medida que si bien puede detener momentáneamente la sangría actual nunca ha servido para nada a largo plazo.

Resulta sorprendente como la caída de un mercado tan importante como este apenas está afectando a la economía mundial.