El actual CEO de Amazon, Andy Jassy, ha puesto fecha para que la plantilla retome su vuelta a las oficinas: el 1 de mayo y han esgrimido muchas razones de negocio para hacerlo pero también las hay sociales y económicas. No se proporcionaron datos reales sobre la productividad ni explicaciones empresariales razonables, pero Andy Jassy vinculó la medida con el apoyo a la comunidad local: «este cambio proporcionará un impulso a los miles de negocios ubicados alrededor de nuestra sede urbana».

¿Por qué Amazon tomó esta decisión impopular, obligando a sus empleados a abandonar la comodidad del hogar, el tiempo con sus familias y a gastar mucho más dinero y tiempo en los desplazamientos? La respuesta podría estar en una amenaza existencial para la economía y para Amazon.

Si Amazon adoptara completamente el trabajo remoto y dejara sus 3 millones de metros cuadrados de espacio de oficina en Seattle, es probable que no encontraran comprador hoy en día. Esto provocaría la devaluación de edificios vacíos, la disminución de los ingresos fiscales y la reducción de servicios, lo que podría generar un éxodo de personas y un colapso sistémico en la ciudad. El problema real estaría en lo que sucedería si los precios de las viviendas se ajustaran. Si se ajustaran a los niveles de 2012, las viviendas perderían la mitad de su valor. Pero ahora, además con los trabajadores pudiendo vivir en cualquier lugar, la competencia incluye casas en zonas rurales, pequeñas ciudades y otros estados e incluso países. Los precios podrían caer aún más.

Si esto ocurriera en Seattle, ¿por qué no también en San Francisco, Madrid o Londres?. Podríamos tener cientos de ciudades que se parezcan a Detroit, con sus núcleos urbanos abandonados.

El regreso a la oficina no se trata de productividad, moral o apoyo a la comunidad local. Se trata de intentar evitar un golpe masivo a la base de consumidores que podría ser letal para el negocio minorista de Amazon. Sin embargo, Amazon no puede detener esta tendencia, sí pausarla pero no detenerla. La realidad es que el internet está proporcionando una alternativa viable al edificio de oficinas en términos de trabajo y colaboración. Las ciudades descentralizadas de internet están interrumpiendo las ciudades centralizadas del siglo XX en medio mundo.

No será una transición fácil. Habrá mucho dolor y sufrimiento. Para aquellos que han invertido en ciudades centralizadas y cuyos negocios dependen de la riqueza acumulada a su alrededor, esto representa una crisis existencial.  Este escenario podría desarrollarse en los próximos años de manera gradual, pero el hecho de que el CEO de Amazon tome una decisión tan rápida e impopular entre los empleados indica que los efectos ya están comenzando a sentirse.

Existe esperanza. Estas ciudades descentralizadas podrían ser más humanas que las ciudades del pasado. Ahora que ya no es necesario vivir donde se trabaja y eso supone un cambio radical con lo vivido hasta ahora y como siempre que ocurre una revolución, habrá ganadores y perdedores.