Ayer se reunió el Consejo de Gobierno del BCE para decidir sobre su política monetaria. Hace una semana todos teníamos claro que iban a subir los tipos en 50 puntos básicos ya que llevaban varias semanas repitiéndolo. Los halcones se habían apoderado definitivamente del BCE y el Euribor iba directo al 4.5%.

Pero al igual que el año pasado ocurrió un cisne negro (la invasión de Rusia a Ucrania y la posterior tensión energética) que tiró por la borda cualquier previsión y provocó la actual racha alcista de los tipos de interés , el jueves pasado tuvimos otro cisne negro (la caída de Silicon Valley Bank) que ha sido todo un terremoto para los mercados con especial daño en los bancos europeos.

Ante este panorama el BCE tenía varias manera de equivocarse y probablemente ninguna de acertar así que entre todas las posibilidades decidió seguir con su línea dura, quizás para que ya nadie dude de su palabra ni de la firmeza en su lucha contra la inflación porque muchas veces se nos olvida que el BCE no está para rescatar ni a bancos ni a países, está para velar por el valor del Euro y la estabilidad de los precios.

En el Consejo de Gobierno del BCE no hubo ninguna otra propuesta a discutir más allá de la planteada de subir medio punto porcentual el precio del dinero, que fue aprobada por «una amplia mayoría» y solo «tres o cuatro» consejeros se opusieron, «no porque discreparan sobre los principios, sino porque querían más tiempo y más datos antes de una subida como la de hoy».

«No es posible en este momento determinar en este punto cuál será la senda», ha subrayado la francesa al ser cuestionada sobre las posibles subidas de los tipos en las próximas reuniones, por lo que ha reiterado que esta situación refuerza el criterio de dependencia de los datos del BCE.

En cualquier caso, Lagarde hizo hincapié en que el BCE «no renuncia» a su compromiso con la estabilidad de precios y ha subrayado la determinación «intacta» de la entidad para retornar al objetivo del 2% en el medio plazo.

Antes de las turbulencias financieras, el BCE había revisado a la baja la senda para la evolución de la inflación, debido principalmente a una contribución de los precios de la energía menor de lo esperado anteriormente. En concreto, los expertos del BCE prevén ahora que la inflación se situará, en promedio, en el 5,3% en 2023, por debajo del 6,3% anticipado en diciembre de 2022, mientras que en 2024 la subida de los precios será del 2,9%, medio punto menos de lo previsto anteriormente, y para 2025 la inflación será del 2,1%, todavía por encima de la meta del 2%, pero dos décimas mejor de lo anticipado anteriormente.

No obstante, a pesar de esta revisión a la baja, el BCE advierte de que las presiones inflacionistas subyacentes siguen siendo fuertes, ya que la tasa de inflación, excluidos la energía y los alimentos, continuó aumentando en febrero y los expertos del BCE esperan que se sitúe en una media del 4,6% en 2023, por encima de lo estimado en las proyecciones de diciembre.