La Ley de Parkinson, junto con la de Pareto, es la segunda de las grandes leyes de la productividad. Lo que viene a decir la Ley de Parkinson es que el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine, es decir,  que si tenemos por ejemplo una semana para hacer cierto trabajo, emplearemos todo ese tiempo para hacerlo y lo acabaremos en el último minuto.

Normalmente esto sucede porque lo vemos a muy largo plazo es un «hay tiempo, ya lo haré», vamos, que nos dedicamos a procrastinar. Tal vez comiences a hacerlo, pero muy lentamente o simplemente pensando algunas ideas y es realmente cuando el tiempo se te echa encima cuando ya te pones al 100% con ello.

También puede suceder que haya personas que se pongan con esa tarea desde el primer momento y según pasan los días, empiezan a encontrar cosas que mejorar y perfeccionar y por este motivo, también se alarga a lo largo del tiempo y acabas en el último minuto.

¿Cómo podemos aplicar la Ley de Parkinson a nuestro trabajo?

Cuando sabemos que tenemos todo el día por delante para hacer cosas, inconscientemente nuestro cerebro se relaja, de ahí que utilicemos nuestro tiempo en hacer otras cosas menos urgentes. Cuando sentimos que ya no tenemos tanto tiempo, nos ponemos a hacer eso que realmente es urgente e importante y que por desgracia, muchas veces no nos dará tiempo a acabar en plazo y sólo por simple hecho de haberlo pospuesto.

Por tanto, si damos ese carácter de urgencia a todas esas cosas realmente importantes que tenemos que hacer, conseguiremos entregar todo a tiempo.

Básicamente, si estás leyendo este artículo es porque estás afectado por la ley de Parkinson y deberías ponerte a hacer cosas útiles.