Hace justo un año, el 21 de diciembre de 2021 el Euribor marcó su mínimo histórico en el -0.515% apoyado por el discurso del BCE que veía la inflación como algo temporal y por tanto no era necesario subir tipos.

Tanto era sí que la propia Christine Lagarde aseguró el 14 de diciembre del año pasado que no iban a subir los tipos este año.

De esta manera el el BCE se desmarcaba del tono mucho más duro de los otros grandes bancos centrales, como la Fed de Estados Unidos, que ya se había mostrado dispuesta a subir los tipos de manera más agresiva en 2022 o el Banco de Inglaterra que ya los había subido.

En defensa de esta posición, el BCE aseguraba que la posición en el ciclo económico de la zona euro difería de la de los EEUU por lo que no puede asumirse que si algo pasa con la Fed, pasará con el BCE.

Por entonces la presidenta del BCE expresó su confianza en que durante 2022 los precios de la energía se estabilizasen, los patrones de consumo se normalicen y se relajen las presiones sobre los precios relacionadas con los cuellos de botella. La institución confiaba en que la subida de precios se relajase a lo largo de 2022 llegando al 3,2% a finales de año y bajase al 1,8% en el 2023.

Lo que ocurrió a continuación te sorprenderá…

La inflación se disparó en la zona euro hasta su máximo histórico en octubre, cuando alcanzó el 10,6% y el BCE se vio obligado a subir los tipos de interés 3 veces  desde el 0% hasta el 2.5% actual y asegurando que habrá dos subidas más, de al menos 50 puntos en las dos próximas reuniones.

Resumiendo, veamos las predicciones del BCE y los datos un año después.

Todo esto se resume en un dato.

Este es el pedazo de Banco Central que tenemos. Supongo que alguien debería de hacer algo de autocrítica ya que muchos ciudadanos europeos han tomado decisiones económicas erróneas debido al optimismo del BCE.