Realmente no sé por qué me hago eco de las declaraciones de Santiago Niño Becerra porque si algo ha demostrado desde la última crisis es que no acierta ni una y si nos sirve de algo es de «indicador contrario» un extraño don que tiene también al economista de referencia de La Sexta, Gonzalo Bernardos ya que ambos nos sirven perfectamente como brújula que apunta incansablemente al sur.

En el caso De Santiago Niño Becerra ha pronosticado cómo evolucionará la recesión derivada de la invasión militar a Ucrania y, sobre todo, como la notarán los ciudadanos españoles. El Marte afirmó en Twitter que «En mi opinión, en ‘la calle’ se percibirá peor en 2024 que en 2023. En el 2023 hay elecciones, por lo que pienso que Bruselas mirará hacia otro lado para que el año sea tranquilo. Pero en el 2024 exigirá, ordenará, cosas«.

Así que desde aquí llamo al optimismo y fijándonos en su superpoderes de fallar siempre daremos por concluida la crisis en el 2024.

Más allá de la ironía con la que he comenzado el artículo uno ya tiene cierta experiencia en crisis económicas y me he dado cuenta de que el catastrofismo vende mucho y si quieres tener cierta presencia en los medios lo mejor es que pongas fechas y cifras solemnes a la debacle que se viene.

Lo cierto es que sirven también de contrapeso del gobierno cuyo optimismo crónico le sirve año tras año para conseguir unos presupuestos generales del estado en los que poder gastar más y más.

Como siempre la virtud está en el término medio, en saber detectar donde están los dos extremos y en responder siempre con un «No tengo ni idea» cuando alguien te pregunte qué hará la economía el año que viene porque si algo ha quedado claro este 2022 es que es imposible hacer predicciones a largo plazo.