Para entender lo que está pasando ahora muchas veces es necesario mirar al pasado, hoy os traigo un artículo del año 2010 que escribió Droblo y en el que hablaba de impresión de dinero y crisis energéticas.

¿Alguien se imagina que en plena burbuja inmobiliaria española no se invirtiera en cemento? Pues en plena burbuja de gasto energético, con récords de venta de automóviles, con la producción industrial en máximos históricos, con barcos de gran tonelaje transportando más productos chinos a Europa y Estados Unidos que nunca y el turismo mundial ocupando millones de aviones, resulta que la inversión en conseguir mejores, más baratas y más abundantes fuentes de energía no creció al mismo ritmo. No se ha conseguido mejorar la producción de petróleo ni se ha conseguido una fuente alternativa fiable y es por eso que la crisis apenas abarató unos meses el precio del crudo y ahora que se quiere empezar a recuperar la actividad industrial, turística y comercial en el mundo, el alto precio del combustible es un coste difícil de asumir, especialmente a Europa que paga en € depreciados. Pero más allá del precio, está el miedo a un posible desabastecimiento, como el que ya hemos vivido en Europa con el conflicto por el gas ruso debido a conflictos tanto con Ucrania hace unos meses como con Bielorrusia hace unas semanas.

Como se puede apreciar aquí cada vez se descubren menos yacimientos y su acceso es cada vez más caro y complicado:

Estas dificultades se han podido comprobar con la tragedia de la plataforma petrolífera de BP. British Petroleum era una empresa estatal que comenzó su paso a multinacional tras la privatización  durante la administración Thatcher, americanizándose con la adquisición de Amoco en 1998. No tenía ningún problema especial a pesar de la fuerte crisis económica mundial pero el 20 de abril de este año (2010, que es cuando se escribió este articulo) se produjo una explosión en una plataforma para la explotación de petróleo “off-shore” que produjo once muertos y diecisiete heridos. Desde entonces se ha sucedido un colosal desastre ecológico –que puede empeorar dependiendo de la temporada de huracanes- en las costas de la zona del Golfo de México. Del mismo modo en que ha ocurrido con otros accidentes, los perjudicados en sus derechos (tanto por lucro cesante como por daños) están recurriendo ante la justicia para reclamar y serán –o no- satisfechos en sus reclamaciones con los recursos de la empresa responsable, lo que amenaza a la supervivencia de la multinacional petrolera.

Llevamos años construyendo en el mar enormes torres con pesadas máquinas para poder extraer crudo del subsuelo marino y un solo gran accidente está provocando una catástrofe ecológica no cuantificable y un desplome económico que ignoramos en qué derivará. Bursátilmente sólo un  dato: 1 de cada 7 libras que se pagaban por dividendos en el FTSE100 inglés procedía de BP. Hay algún analista que cree que una posible quiebra de BP sería más grave para los mercados de lo que fue la de Lehman. El execonomista jefe del FMI Rogoff  también compara lo ocurrido en el Golfo de Méjico con la actual crisis financiera:

La historia de la tecnología del petróleo, como la de los instrumentos financieros exóticos, era muy convincente y seductora. Los ejecutivos de las empresas petroleras se jactaron de que podían perforar hasta una profundidad de dos kilómetros y después un kilómetro en sentido horizontal y acertar en el blanco con un margen de error de unos metros. De repente, en lugar de un mundo en el que se hubiera llegado a la tasa máxima de extracción de petróleo y con recursos cada vez más escasos, la tecnología ofrecía la promesa de aumentar el abastecimiento para otra generación.

Es decir, también se pecó de soberbia.

Cuando yo era niño se pensaba que en el siglo XXI estaríamos ya veraneando en Marte y el petróleo se habría acabado, por suerte gracias a la tecnología esto último no ocurrió, ese “peak oil”, y sobre todo el EROI (Energy Returned On Invested) o punto en el que el gasto energético para conseguir petróleo consuma la misma energía que conseguirlo, se ha alejado pero el desastre ecológico y económico provocado por BP llevará probablemente a que se reduzcan las búsquedas de petróleo en el fondo marino, lo que encarecerá aún más el crudo y lo que nos devuelve al miedo al desabastecimiento. La demanda de crudo se recupera con fuerza en comparación con 2008 y 2009, y si en 2006 se consumían al día 83.7 mbd (millones de barriles diarios) para 2010 se espera que se gasten 86.3 según la AIE. Esto nos deja una conclusión clara, si con el mundo enfrascado en la mayor crisis en 80 años y con altas probabilidades de volver a caer en recesión tras el fin de los estímulos estatales y la necesidad de recortar los déficits, el barril está cotizando como en 2006 –véase el gráfico- y consumimos a nivel global algo más, no podemos decir que el precio esté demasiado caro desde un punto de vista histórico y ajustado a la inflación:

¿Qué pasará si la economía va bien y aumentamos el consumo como sería lógico si la industria, el comercio y el turismo vuelven a niveles de hace unos años? Si Europa y los EUA empiezan a crecer a un 3% como predicen los optimistas, ¿cómo financiar el altísimo coste que tendrá el crudo? Es más, ¿Habrá suficiente? La otra alternativa es que aún dure unos años la crisis en Occidente pero como es evidente que para cualquier cifra planetaria hay que tener en cuenta el enorme salto de consumo de China y la India (con 2500 millones de habitantes, casi el 40% de la población mundial, y con PIB´s creciendo a niveles cercanos al 10%), el precio y el consumo de petróleo se mantiene e incluso crece. Esto está pasando en la actualidad, y es especialmente grave en Europa: usamos el mismo o menos combustible pero pagamos cada vez más por el crudo debido al encarecimiento del $ (y debilidad del €) y el gran consumo de China e India. Pero repito, el problema ya no es el precio, es el suministro. Por eso creo que no debemos subestimar el muy negativo efecto que el desastre de BP  en el Golfo de México puede tener. Solamente en el Golfo de México hay actualmente cuatro mil plataformas petroleras con una superficie promedio de veinte mil pies cuadrados cada una. Si un solo accidente casi provoca la quiebra de la cuarta compañía mundial por facturación, ¿quién arriesgará su prestigio y sus fondos y a qué precio para conseguirnos ese líquido viscoso hoy por hoy aún indispensable? No es sólo la única incertidumbre, no olvidemos que las zonas geográficas con mayores reservas de crudo son áreas susceptibles de conflictos bélicos, y no hablo sólo de Irán, también de Venezuela y su enfrentamiento, de momento verbal, con Colombia.

Llevamos ya más de 2 años resolviendo los problemas de dinero con más dinero y con todos los baches que estamos viviendo lo cierto es que el “truco” de momento ha conseguido evitar el colapso económico. No es que yo tenga mucha fe en cómo se están haciendo las cosas pero deseo de corazón que esta montaña de deudas reales sostenida con dinero del “monopoly” no nos lleve a empeorar más y finalmente funcione. En cualquier caso, mientras mantengamos la fe en que un papel con un sello anti-falsificadores o una anotación en cuenta tienen valor, el sistema puede funcionar y aunque la recesión dure años conseguir evitar una Gran Depresión. Pero la psicología no nos sirve de nada si dependemos para la economía real de un producto que se agota o cuya extracción es tan cara que sólo es accesible para unos pocos. Es realmente difícil de comprender cómo hay constantes reuniones del G-20 donde el motivo principal de la agenda es la banca y cómo evitar que en la próxima crisis tenga que ser rescatada de nuevo con dinero público y esa misma previsión no exista para algo tan fundamental como el suministro energético a precios razonables. ¿De verdad es más preocupante para nuestra calidad de vida el poder de Goldman Sachs que el de la OPEP?