En estos momentos la preocupación económica a nivel mundial es la inflación que está llegando a niveles realmente peligrosos. La semana pasada conocimos que los precios subieron en EEUU un 7.5%, su mayor escalada en 40 años. Todo se junta para que los precios sigan subiendo, por un lado los altos precios de la energía, por otro los problemas de suministro y por último la fuerte demanda interna.

En este entorno los Bancos Centrales no pueden quedarse quietos y han de tomar medidas ya que su misión es precisamente la de controlar los precios.

Tras el discurso cambio de discurso del BCE en el que se mostró firme para subir tipos, Christine Lagarde parece que ha reculado un poco quizás para calmar a los mercados y a los gobiernos.

En una entrevista ofrecida a (atentos al nombre) Redaktionsnetzwerk Deutschland (RND) la presidenta del BCE ha dicho que  subir ahora el principal tipo de interés del Banco Central Europeo no reduciría los niveles históricamente altos de la inflación de la zona euro y sólo perjudicaría a su economía.

“Eso no resolvería ninguno de los problemas actuales”  “Al contrario: si actuáramos ahora con demasiada precipitación, la recuperación de nuestras economías podría ser considerablemente más débil y se pondría en peligro el empleo”.

“Ahora podemos ajustar con calma, paso a paso nuestros instrumentos de política monetaria”, dijo. “Y cuando los datos económicos lo permitan, lo haremos”.

Realmente el problema que tienen por delante los Bancos Centrales es muy gordo, pese a su independencia política durante muchos años se han mostrado como la herramienta favorita de los países para incentivar el crecimiento pero ahora se enfrentan al problema para el que fueron diseñados y ha llegado el momento en el que tendrán que elegir entre una cosa u otra, siendo las dos igual de malas.