La transición ecológica, esa que nos llevará a un modelo de desarrollo bajo en carbono y sin centrales nucleares se ha encontrado con un grave problema, la dependencia que tiene Europa del gas ruso. La economía europea depende de lo que haga Putín y si Putin hace algo que no nos gusta, no podemos sancionarle porque nos deja sin gas.

Durante muchas décadas Rusia nos ha ofrecido un gas barato y fiable que nos animó, por un lado a no construir la infraestructura necesaria para traer gas de otros países y por otro lado al cierre de otras fuentes de energía algo más contaminantes pero completamente independientes

En este entorno Alemania se ha dado cuenta que esta dependencia energética supone un grave problema no solo económico si no también geostratégico.

«La decisión de eliminar la energía nuclear y el carbón al mismo tiempo convirtió a Alemania en un país totalmente dependiente del gas ruso y vulnerable a la posibilidad de que Rusia utilice la energía como un arma», comentó recientemente Gustav Gressel, responsable de políticas del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

La Agencia Internacional de la Energía dijo a principios de este mes que Rusia era la principal responsable de la escasez de gas en Europa y que Gazprom, el exportador estatal ruso de gas, había recortado las exportaciones a Europa en el cuarto trimestre en un momento de precios altos.

Gran parte de los envíos de gas ruso a Europa se realizan a través de gasoductos que atraviesan Ucrania, algunos de los cuales se remontan a la época soviética.
Gazprom controla una serie de instalaciones de almacenamiento de gas repartidas por toda Alemania, entre las mayores de Europa. Esto da a Moscú acceso a un importante sistema de amortiguación en caso de picos de demanda y cuellos de botella en el suministro.

Alemania ha realizado considerables inversiones en energías renovables, pero el abandono de los combustibles fósiles ha sido lento y desigual. El gas natural representa alrededor del 25% del consumo total de energía de Alemania (en España es del 19.14%) y esta cifra aumentará a medida se cierren más centrales nucleares y de carbón.  Desgraciadamente el gas ruso no puede ser sustituido a corto plazo.

En un estudio de 2015 encargado por el Ministerio de Economía que simulaba una interrupción brusca de las entregas de gas ruso, los autores descubrieron que las instalaciones de almacenamiento de gas alemanas tendrían que estar llenas al menos en un 60% para seguir satisfaciendo la demanda. . El miércoles, cuando aún faltan meses para que llegue el calor, los depósitos estaban llenos en un 44%, según datos de Gas Infrastructure Europe, una asociación que representa a los operadores de infraestructuras de gas europeas.

Europa (y especialmente Alemania) se enfrenta ahora a un trilema energético, ya que debe equilibrar los factores medioambientales, de impacto social y de seguridad, el problema es que se ha subestimado demasiado la seguridad al fiarnos de un país del que no podemos hacerlo.