El problema de las burbujas es que no se pueden identificar hasta que explotan y mientras esto no suceda estamos ante simplemente ante una corrección al alza. Actualmente no sé si estamos de nuevo ante en una burbuja inmobiliaria pero estamos ante algo que tiene la misma forma, el mismo color y huele igual.

El mapa que podéis ver en la cabecera lo publicaron aquí y está basado en los datos del Índice de Burbujas Inmobiliarias de UBS y evalúa 25 ciudades mundiales y puntuándolas en función de su riesgo de burbuja.

Como hemos comentado las burbujas no se detectan hasta que explotan, no obstante hay algunas señales a las que hay que prestar atención.

Por ejemplo, la desvinculación de los precios de los ingresos y alquileres locales es una señal de alarma habitual. Además, los desequilibrios en la economía real, como la excesiva actividad de la construcción y los préstamos, pueden indicar una burbuja en ciernes.

Europa alberga una serie de ciudades que presentan un riesgo de burbuja extremo, y Fráncfort encabeza la lista este año. El centro financiero de Alemania ha visto cómo los precios reales de la vivienda han aumentado un 10% al año de media desde 2016, la tasa más alta de todas las ciudades evaluadas.

A pesar de los disturbios civiles y el malestar por las nuevas políticas, Hong Kong sigue teniendo la tercera mayor puntuación en este índice (detrás de Toronto). Mientras tanto, Dubai aparece como «infravalorada» y es la única ciudad del índice con una puntuación negativa. Los precios residenciales han tendido a la baja durante los últimos seis años y ahora han bajado casi un 40% respecto a los niveles de 2014.

Los mercados sobrecalentados no son nada nuevo, aunque la pandemia del COVID-19 ha cambiado la dinámica de los mercados inmobiliarios.

Durante años, la revalorización del precio de la vivienda en el centro de las ciudades estaba prácticamente garantizada, ya que la construcción estaba en auge y la gente estaba deseosa de vivir un estilo de vida urbano. Las opciones de teletrabajo y la reducción de las oficinas están cambiando la ecuación de valor para muchos, y como resultado, los precios de la vivienda en las zonas no urbanas aumentaron más rápido que en las ciudades por primera vez desde la década de 1990.

Aunque las burbujas inmobiliarias siguen creciendo, existe un elemento de incertidumbre. La relación entre la deuda y los ingresos sigue aumentando, y las condiciones creditíceas que se relajaron durante la pandemia, vuelven a ser más estrictas. Si añadimos los cambios sociales que se están produciendo en estos momentos, resulta más difícil predecir el futuro de estos mercados.