Hasta hace pocos años la única manera de rentabilizar los ahorros en los mercados de renta variable consistía en aprovecharse de los escenarios alcistas. Es decir, mientras más suben los valores, índice o sectores bursátiles mayores serán las plusvalías. Esta estrategia ha cambiado sustancialmente con la aparición de nuevos diseños financieros que también permiten obtener beneficios con una bolsa a la baja. No solo en la compra y venta de acciones en el mercado, sino a través de ciertos productos (fondos de inversión, warrants, etc.). Cuyas estrategias se basan en aprovechar la depreciación en los activos financieros para incrementar el patrimonio personal. 

Por tanto, a partir de estos momentos el hecho de que las bolsas se deprecien no debe ser tomado por los inversores como una mala noticia. Sino que por el contrario, deberá considerarla una excelente oportunidad de negocio que les brinda los mercados de valores. De esta forma, si un inversor tomó posiciones (en torno a 50.000 euros) en el Ibex 35 pocos meses antes de la irrupción de la pandemia de la COVID-19, cuando el índice estaba en niveles muy cercanos a 10.000 puntos, habría generado una gran rentabilidad pocas semanas después. Cuando la referencia de la bolsa española se fue hasta los 6.000. Consiguiendo en muy poco tiempo unos beneficios brutos de 20.000 euros aproximadamente en la operación. Es decir, casi la mitad del dinero invertido.

Fondos de inversión inversos

De todas las formas, son muchas las estrategias que los usuarios pueden utilizar para emular esta situación. Una de ellas está basada en los fondos de inversión inversos. Se trata de un modelo que tiene abierta sus posiciones en los mercados bursátiles. Pero de una manera muy particular ya que sus ganancias vendrán de las tendencias bajistas. Donde a medida que más acusada sea la caída, mayor será el beneficio que obtengan. No se centran en un valor en concreto, sino sobre un índice o sector de la bolsa doméstica o internacional. Existen productos de estas características que replican los movimientos a la baja del Nasdaq 100, Standard & Poor,s o Nikkei 225, entre algunos de los más relevantes.

No obstante, el riesgo en estas operaciones es muy elevado ya que si no se cumple el escenario bajista puede perderse mucho dinero en la operación. Éste es uno de los motivos por los que esta clase de productos van dirigidos al corto plazo con el objeto de aprovechar estos movimientos. Nunca al medio o largo porque es probable que al final la cuenta de resultados sea ampliamente negativa. Además, incorpora unas comisiones que suelen ser más expansivas que las de otros fondos al alcanzar el 1,50 % del capital invertido.

Ventas a crédito

Dentro de los que son los nuevos productos para la inversión este es el que recoge mejor esta filosofía. Aunque más complejo para operar debido a sus especiales particularidades. En primer lugar, el inversor debe tener la certeza de que un valor bursátil va a bajar en las próximas sesiones. Para que de esta manera, abra posiciones de una forma diferente a la tradicional. En el sentido que será necesario apostar por la bolsa a la baja durante un periodo de tiempo en torno a tres meses. Sus operaciones permiten generar notables plusvalías si se cumple el escenario. Pero por el contrario, y al igual que en los fondos inversos, una evolución positiva de los mercados de valores se traduce en fuertes pérdidas.

A diferencia de otros productos financieros, las ventas a crédito requieren de un amplio conocimiento de los mercados de valores. De la misma forma que para ejecutar las órdenes debido a que es un modelo de inversión que está caracterizado por su enorme volatilidad. Si las cosas no van de la manera que el inversor desease es muy fácil que las pérdidas alcancen los dos dígitos en su porcentaje en un espacio de tiempo muy breve. Además, exige un seguimiento más exhaustivo para cerrar las posiciones, bien para materializar los beneficios o limitar las minusvalías en un escenario alcista. En cualquiera de los casos, el usuario deberá aportar como garantía el importe de la venta mientras dure la operación. Siendo esta una de las divergencias que ofrece este producto financiero frente a modelos convencionales. 

Warrants 

Se trata de un producto más complejo si cabe que los anteriores, pero cuya recompensa será muy satisfactoria si se canaliza favorablemente. Su mecánica se basa en esta ocasión en decantarse por una de las dos opciones que están habilitadas: comprar (call) o vender (put). Siempre sobre un activo subyacente que tiene un vencimiento y a un precio que ya ha sido pactado. Si la operación se desarrolla por una depreciación del valor bursátil, y el escenario se cumple, el éxito está asegurado. Con una rentabilidad sensiblemente superior a la ofrecida en la compra y venta de acciones y fondos inversos.

Una de sus características más notables es que los warrants no necesitan de excesivo capital para llevar a cabo sus operaciones. Este hecho se debe a que ofrece un alto apalancamiento y que puede ser muy perjudicial si los movimientos no se desarrollan como desean los inversores. Conviene recordar que el apalancamiento en bolsa supone operar con mayor cantidad de dinero del que se dispone en ese momento. Un factor que incentiva a los beneficios que pudiesen generarse, pero también potenciar las pérdidas. En la práctica significa que si en la operación se deprecia un 5 %, el margen de devaluación sería superior e incluso acercarse al 20 %.

De cualquier manera, todos estos modelos suponen un riesgo adicional sobre la inversión en bolsa. Un motivo suficiente como para no invertir más del 20 % o 30 % capital disponible. Por último, indicar que si se deja arrastrar por una tendencia desfavorable hay muchas posibilidades de que se pierda gran parte del dinero depositado.