Una vez que se han empezado a distribuir las vacunas contra la COVID-19 en prácticamente todo el planeta, las proyecciones sobre la economía mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI) son más optimistas que hace unos meses. Estiman que la riqueza global crezca el 5,5 % durante 2021, un 0,3 % por encima del anterior pronóstico. También ha sido provocado por el fuerte respaldo a planes económicos que se están aplicando en algunas áreas geográficas. No obstante, este crecimiento es desigual y algunos países tienen peores perspectivas que otros respecto a sus crecimientos. Es el caso de Italia (3 %) dentro de la zona euro y Rusia y Arabia Saudí, en las emergentes, con alzas del 3 % y 2,6 %, respectivamente.

En este sentido, algunas casas de análisis ya han empezado hacer sus listas sobre los países que están en situación de crear problemas desde el punto de vista económico durante el ejercicio. No hay muchas sorpresas, pero si en cambio la presencia de estados que representen más de un quebradero de cabeza, al menos a los mercados de renta variable. Sin llegar a que sean focos de inestabilidad plenos, sí hay que tenerlos en cuenta para enfocar las inversiones en los próximos meses. Pueden contagiar a otros activos financieros, como por ejemplo el petróleo, bonos soberanos o incremento de la deuda. 

“Según las proyecciones, la solidez de la recuperación varía considerablemente entre países, dependiendo del acceso a intervenciones médicas, la eficacia del apoyo de las políticas, la exposición a repercusiones económicas transfronterizas y las características estructurales de cada economía” 

Argentina, marcada por la hiperinflación  

Dentro del bloque suramericano una de las mayores preocupaciones se centra en el país del Cono Sur. Tiene un grave inconveniente debido a que se ha ido acentuando su exceso de inflación en los últimos meses. Para este año, los analistas estiman que alcanzará niveles muy cercanos al 50 %, uno de los más altos del mundo. Solo en la América Latina es superada por Venezuela, cuyas proyecciones para 2021 son de nada menos que el 1456 %. Un dato muy difícil de asumir para cualquier economía, incluso fuera del sistema de libre mercado. 

Los riesgos de una inflación desmesurada o hiperinflación se basan en la formación descontrolada del dinero. Con la finalidad de financiar todo el déficit que tiene el estado y que puede generar desempleo, distorsión entre oferta y demanda y hasta la posibilidad que se volviese de nuevo al corralito. Aunque su efecto más temido es el que pudiese afectar a los empresarios al tener estos que pedir créditos con intereses muy altos.

Uno de los temores de los organismos internacionales es que esta situación se pudiese exportar a otros países vecinos, con la excepción de Brasil. Aunque sería precisamente España el más perjudicado al contar con una gran presencia de empresas que cotizan en el índice de la bolsa española, el Ibex 35. Entre las importantes, Santander, BBVA, Telefónica, Mapfre o Naturgy.

Arabia Saudí entre la guerra de precios y su relación con Irán

Otro de los puntos negros del panorama mundial podría ser Arabia Saudí. No solo por ser uno de los países peores parados de las predicciones del FMI. Sino por su dependencia excesiva del petróleo y en el que cualquier conflicto con sus rivales en el Golfo Pérsico generaría tensiones en este mercado financiero. El precio del oro negro se desplomó especialmente en la primera parte de 2020 como consecuencia de los efectos económicos de la pandemia de la COVID-19 para situarse en algo menos de 20 dólares. Para a partir del cuarto trimestre recuperar los niveles previos, con el barril muy cerca de los 70.

Las previsiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) apuntan a que la demanda en este año se rebaje ligeramente. Un frenazo mayor supondría un contratiempo serio para las autoridades sauditas, al igual que otros productores. Hasta el punto que su crecimiento se rebajaría a la baja en la última parte de 2021. A lo que se le une su rivalidad con uno de sus vecinos en el Golfo Pérsico, Irán. Sin descartarse el inicio de las hostilidades entre las dos potencias de la región. Debido a que ambos han intervenido en Yemen para buscar la hegemonía regional. Un hecho que tarde o temprano podría terminar involucrando a las grandes naciones del mundo (Estados Unidos, Rusia e Israel). Con el golpe consiguiente a los mercados financieros, incluidos los bursátiles.     

Italia: ¿el patito feo europeo?

El territorio transalpino es el peor parado este año en las previsiones del FMI. No solo por razones económicas, sino políticas. Ante la posibilidad real de que los partidos populistas se impongan en las próximas elecciones generales e imponer su agenda antieuropeísta. Donde se contemple su salida de la Unión Europea siguiendo el ejemplo del Reino Unido. Un hecho que sería un terremoto para los mercados financieros de todo el mundo.

No puede olvidarse que Italia cuenta con una deuda que representa el 154 % de su Producto Interior Bruto (PIB). En suficiente nivel como para llevar a cabo grandes recortes de su gasto público a través de los próximos presupuestos generales. Bajo la supervisión del ala dura de los organismo comunitarios que no dejaran que este parámetro siga desbocado a partir de 2022. Con el riesgo de que se puedan implantar medidas impopulares para subsanar el desfase de sus cuentas. 

Subida de tipos en Estados Unidos

El último susto que puede llevarse la economía global procede de un cambio de tendencia en el mantenimiento de los tipos de interés en Norteamérica. Después de que la Reserva Federal haya anunciado recientemente que el nivel del 0 %, en el que se encuentra en estos momentos, podría abandonarse “cuando las condiciones del mercado laboral hayan alcanzado niveles sólidos”. Una declaración que ha frenado el ímpetu comprador de los inversores en los índices bursátiles de los Estados Unidos.

A pesar de que el Departamento de Análisis de Bankinter ha puesto de manifiesto que “los tipos se asentaran en niveles entre el 0,00 % y 0,25 %, al menos hasta los últimos meses de 2022”. Pero los mercados financieros están dando alguna pista sobre la posibilidad de que los plazos se acorten. En especial, ante las previsiones del banco central norteamericano que el crecimiento económico se eleve al 4,2 % en 2021. En cualquier caso, una subida monetaria supondría un varapalo para las plazas bursátiles, después de que la Bolsa de EEUU lleve en tendencia alcista desde 2009. Además, a tipos más altos, créditos más caros y se gravaría la financiación de empresas y particulares.