Parece que el boom de las criptomonedas se basa en la demanda de los particulares y unas pocas empresas (Tesla y Microstrategy principalmente) estando de lado los principales creadores de mercado, los fondos de inversión.

Pese a la alta rentabilidad que han disfrutado durante el último año (el bitcoin más de un 600%) su extrema volatilidad las aleja de convertirse en una parte más de las carteras de los grandes fondos, por ejemplo en España, solo una gestora ofrece fondos con exposición a bitcoin, en tanto que BlackRock ha abierto la posibilidad de que dos de los suyos inviertan en la criptomoneda.

Los inversores institucionales están esperando a que los criptoactivos maduren. A medida que encajen más y más piezas del rompecabezas –claridad en torno a la regulación, acceso y liquidez eficientes, garantías de seguridad, aparición de casos de uso duraderos– se espera una participación institucional mucho mayor en esta clase de activos.

A nivel particular estos activos tienen un riesgo muy elevado y el inversor minorista no debería apostar por estas opciones, ya que lo puede perder prácticamente todo.

Los fondos de inversión son un buen vehículo y su principal misión es diversificar el riesgo, repartirlo. Desde ese punto de vista, que pueda entrar una criptodivisa puede tener sentido. El problema es que las criptodivisas no están reguladas y los fondos de inversión están muy regulados.

Los supervisores y reguladores ya han dejado claro que lo de la tecnología blockchain les suena bien, pero que las criptomonedas o bitcoin no tanto. Hoy, en España, no es posible constituir un fondo de inversión tradicional que pueda invertir en bitcoins