Seguimos pensando que los mercados se anticipan a lo que va a suceder en la economía y es verdad que algunos movimientos puntuales nos pueden hacer pensar así pero desde hace mucho tiempo, los mercados van por un lado y la economía real va por otro. Un buen ejemplo lo tenemos en el IBEX que tuvo su máximo histórico en Noviembre de 2007 cuando marcó 15.945 puntos (ahora ronda los 6.800), según esa máxima de que «la bolsa es un termómetro de la economía» el 2008 tendría que haber sido un año maravilloso y ya sabemos todos los que pasó.

Otro buen ejemplo lo hemos visto este año, con las caídas históricas provocadas por el coronavirus pero lo cierto es que la bolsa más importante del mundo, el Nasdaq está en positivo este año. En el mes en el que 20,5 millones de americanos perdieron sus trabajos, el índice de acciones S&P 500 registró su mejor mes en 33 años.

Durante años, el mercado se ha ido distanciando cada vez más de la economía real  aunque su vinculación se resalta cuando interesa, por ejemplo a Donald Trump confía su reelección en un buen comportamiento bursátil ya que muchos todavía ven los índices como un indicador clave. Principalmente en EEUU tienen mucho apego a las cifras de Wall Street y tanto las caídas como las subidas tienen un gran impacto psicológico. Eventos como el crack del 29 está en su cultura a la altura de un Pearl Harbour o un 11S, fechas históricas que han creado un trauma en su sociedad.

El crack dejó a los estadounidenses fuera del mercado de valores durante décadas y no fue hasta la década de los 50 cuando las principales instituciones de Wall Street comenzaron a convencer a las clases medias para que invirtieran a medida que crecía la prosperidad de la posguerra. La Bolsa de Nueva York impulsó una campaña que instaba a la gente a «ser dueña de su parte de los negocios estadounidenses». Y durante los siguientes años si hubo una estrecha vinculación entre las mayores empresas estadounidenses y la salud general del país, en parte porque sus enormes nóminas ayudaron a impulsar la expansión de la clase media. Las empresas vendían en EEUU y contrataban a mucha gente de EEUU.

¿Y a qué se debe este desfase tan grande que vemos ahora?

Parte de la razón es la composición del mercado de valores, y el hecho de que las gigantescas empresas que componen el S&P 500 operan bajo circunstancias muy diferentes al del resto de las compañias. Son altamente rentables, poseen importantes sumas de dinero en efectivo y tienen acceso regular a los mercados de bonos. Además son más globales ya que entorno al 40 por ciento de sus ingresos vienen del extranjero.

Las cinco mayores empresas que cotizan en bolsa -Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet (Google) y Facebook- han seguido subiendo este año, ya que los inversores apuestan a que estos gigantes emergerán en una posición aún más dominante después de la crisis. Hasta finales de abril, estas compañías subieron entorno a un 10 por ciento en lo que llevamos de año, mientras que las otras 495 compañías del S&P bajaron entorno a un 10 por ciento. Tanto Microsoft como Amazon y Apple valen cada una más de 1 billón de dólares y representan una quinta parte del  índice, el nivel más alto en 30 años. Y ahí está la trampa, que los índices como el S&P 500 se ponderan para reflejar el rendimiento de las empresas más grandes y rentables. En las últimas semanas, las acciones de esas empresas no sólo se han desviado en la dirección opuesta a las perspectivas de la economía de los Estados Unidos, sino también del resto del propio mercado de valores.

Por tanto no es que la bolsa anticipe que la economía se va a recuperar en V si no que lo harán Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet y Facebook