Tendemos a creer que el mundo va a mejorar y tiene sentido ya que nos hemos acostumbrado a vivir con avances tecnológicos continuos. Dado que la información se almacena y distribuye cada vez con más facilidad, las nuevas generaciones parten cada vez con más ventaja puesto que, como dice el dicho -falsamente atribuido a Newton- “estamos a hombros de gigantes” puesto que no necesitamos aprender todo de nuevo ya que la inmensa mayoría del conocimiento científico y técnico de la historia de la humanidad nos es accesible y es una gran base sobre la que progresar.

Si a eso unimos nuestro natural optimismo (la mejor arma que tenemos contra la inevitabilidad de la muerte) todo nos lleva a pensar que lo normal es que mejoremos. Y ciertamente, y especialmente desde la Revolución Industrial, ha sido así los últimos siglos: somos cada vez más y vivimos mejor y durante más años. Pero puede ser un error dar por hecho que esto siempre será así puesto que no es la primera vez que el “progreso” ha ido hacia atrás. En Europa tenemos una experiencia muy clara con la caída del Imperio Romano: durante fácil mil años el progreso se detuvo y se puede decir que un humano residente en lo que hoy es Francia vivía mejor en el siglo I que en el siglo XI.

¿Por qué el mundo romano era superior en casi todo a la Edad Media? Daría para un libro pero a mi me gustaría destacar que Roma triunfó cuando funcionó con una estructura de estado, uniformidad legal e ingentes inversiones en obra civil -como calzadas y acueductos-, y garantizando la propiedad privada y el comercio a lo largo de un vasto espacio. Por el contrario, en la Europa occidental durante cientos de años no hubo estados fuertes -o si lo fueron como cuando Carlomagno, duraron poco- ni leyes comunes a todos los territorios ni apenas comercio. Lo que más unió fue una religión común pero eso derivó en que los escasos recursos no se utilizaran para construir caminos o puertos sino catedrales que, si bien tuvieron una influencia social positiva, no lograron los beneficios a corto plazo de las obras civiles romanas.

Mientras Europa había frenado su progreso, China por aquella época era una sociedad más avanzada y estructurada que, sin embargo, se quedó muy atrás cuando llegó la Revolución Industrial. Como vemos, no es extraño que las sociedades no avancen y que la Humanidad no vaya a mejor y a temporadas hay una minoría que cree que pronto volverá a pasar. Malthus convenció a mucha gente que el alargamiento de la esperanza de vida y el aumento poblacional conducirían al desastre, durante la Guerra Fría –no hace tanto- hubo quien se imaginó un mundo devastado por una conflagración nuclear, hasta Einstein se implicó y afirmó: «No se cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas» y últimamente es la amenaza del cambio climático lo que lleva a quien haya quien crea que iremos hacia atrás.

Yo añadiría una amenaza más que puede conducirnos sino al desastre, sí a un relativo decrecimiento económico: una crisis financiera sistémica motivada por una caída de la confianza en nuestros medios de pago, es decir, que dejemos de creer en el valor del dinero debido al exceso de las políticas monetarias, aún más extremas durante las últimas semanas. Ya le pasó al Imperio Romano: una de las causas de su caída fue que se dejó de confiar en una moneda que cada vez contenía menos cantidad de metal precioso. Y aún así, las monedas de hoy en comparación a los denarios de plata son sólo papel y anotaciones en una pantalla. Las consecuencias de un aumento disparatado de las temperaturas serían mucho peores pero quizás esta sea algo más probable y pueda ocurrir antes.

Por más que confíe en la ciencia, dudo mucho que los humanos podamos revertir un proceso de cambio climático aunque sí creo que nos adaptaremos como hemos hecho siempre, más cuando el proceso será lento. Sin embargo, y si bien también creo que nos adaptaríamos también, si perdiéramos la confianza en el dinero el proceso sería muy rápido. En cualquier caso, muy pocos le dan muchas probabilidades ya que, por ejemplo, una crisis sistémica en la que dejáramos de creer en el valor del yuan, el dólar, el yen, el euro… perjudicaría a todos. Es la misma razón por la que nunca hubo una guerra nuclear entre los EUA y la URSS: si el sistema cae, al igual que si se hubieran disparado todas las armas atómicas de ambos arsenales, nadie gana: todos pierden. Así como el miedo ha evitado durante décadas una 3ª Guerra Mundial, la fe en que el dinero creado por los bancos centrales tiene valor ha conseguido sacarnos de la última recesión… y no creo que a nadie le interese dejar de creer y que no evite meternos en otra. Y sin embargo, hasta los bancos centrales aumentaron el año pasado la compra de oro y se plantean crear criptomonedas.

Yo también me apunto a tener fe en que los números que salen cuando consulto mi saldo en el banco signifiquen algo valioso… pero necesito que los demás también.