Hay 19.675 entidades públicas en España, sean del Estado, autonomías, ayuntamientos o diputaciones. Una amalgama de organismos (que algunos gustan de llamar “chiringuitos”) de los que, en muchos casos, se desconoce cuál es su función y si tienen o no actividad. Esto supone que hay un organismo público por cada 2,390 habitantes. Esto en un país en el que, además, las nóminas que dependen del sector público (que incluyen las pensiones) superan a las del sector privado. No entro en si esto es mucho o poco, al fin y al cabo, el porcentaje de empleados públicos en España es del 16%, por debajo del inglés o del francés y casi la mitad que el noruego. Lo que sí me llama la atención es que siendo España así, haya tantos españoles que critican a la UE por su “excesiva burocracia”.

De nuevo de lo repetido hasta la saciedad, especialmente estos días por los que afirman que Reino Unido ha hecho muy bien en irse, a los datos… hay un mundo de diferencia. En las instituciones, organismos y agencias de la Unión Europea trabajan en torno a 50.000 empleados públicos propios (funcionarios y agentes), un número similar a los que tiene la comunidad autónoma de Murcia (sin contar empleados de sus entes locales, universidades y de la administración general del estado en la región). Y eso que hablamos de una autonomía gobernada históricamente por la derecha y cuyo gobierno está siendo apoyado en la actualidad por el partido de ámbito estatal más crítico con las instituciones europeas. Por cierto, hablando del Bréxit –donde todos nos jugamos mucho en sus negociaciones aunque quién más a perder tienen son los británicos, mucho más dependientes de la UE que la UE de ellos- la próxima semana hay otra fecha clave:

Otra crítica es la cantidad de normas y leyes que salen de la UE. Y lo dicen como algo malo, ¿cómo puede ser negativo que se intente homogeneizar con reglamentos únicos un área económica en el que hay libertad de circulación de personas y mercancías? Si no se trabajara en ello, eso derivaría en una indefensión en cuanto pasáramos de un país a otro, sería muy difícil que un europeo se sintiera protegido del mismo modo en diferentes países o que una empresa pudiera vender sus productos de forma homogénea en Finlandia y en Portugal a la vez. Precisamente lo que habría que trabajar, en mi opinión, dentro de la UE es por una mayor uniformidad: mismo código penal, mismo código civil, misma regulación de las penas de tráfico… Si todos somos democracias que beben de los mismos valores, no veo por qué nuestras leyes y su aplicación no pueden ser similares. Es más, sería deseable –para mi- incluso hasta una fiscalidad similar. Mientras esto no exista, son imprescindibles estos reglamentos “supranacionales”.

Pero yo respeto al que cree que esto no debe ser así, y que estamos dando demasiado poder a la UE, lo que no puedo defender es la crítica absurda. Yo también detesto muchas cosas de la UE, especialmente el escaso poder del Parlamento ya que todo lo importante lo deciden los jefes de gobierno o sus mandados pero, por ejemplo, sin una regulación sobre cómo una conservera de tomate debe presentar su producto para poder venderlo en toda el área económica, los problemas serían mayores y, de hecho, la unión económica no funcionaría bien, ¿Qué eso implica unas normas muy detalladas? Evidente pero si esa norma es necesaria y sus consecuencias son positivas, ¿qué problema hay? Y si encima se consigue con un número de empleados más escaso que el de una pequeña autonomía española, mejor que mejor. Otro tema es que la política de la UE a veces nos guste y otras veces no porque, con cierta lógica, cada país tiene sus propios intereses (pasa igual cuando se discute en España por ejemplo la financiación autonómica) pero la UE es mucho menos “burocrática” que España, así que parece un poco injusto ser tan crítico con ella y tan poco autocrítico con nosotros, al menos en ese tema.

En cuanto a los mercados, poco que añadir a lo comentado la semana pasada y la extrema complacencia: el lunes amanecimos con un pésimo dato de PIB japonés del último trimestre pero el mercado siguió de fiesta porque “el culpable fue la subida del IVA” y esa noche, y a pesar del festivo en los EUA, Apple afirmó lo que ya otras habían advertido: que sus resultados se verían afectados por el parón chino. Y aunque es lo que comentaba hace 7 días: una cosa es que los medios estén exagerando el tema del coronavirus y otra es que se ignoren las consecuencias económicas reales de lo que pasa en China, lo cierto es que la influencia de esta noticia volvió a durar unas horas… y el optimismo continuó marcando Wall Street nuevos máximos históricos el miércoles. Sigo convencido que es necesaria –y probable- una corrección a corto plazo. Quizás lo más llamativo de la semana es la fortaleza del $ (y debilidad del €) no vista en casi tres años y el rebote del crudo (desde mínimos un 8% más o menos). En cuanto al nuevo impuesto a las transacciones financieras, tan sólo decir que sólo tiene un fin recaudatorio porque ni tiene que ver con los motivos que en su día dio Tobin cuando se le ocurrió, ni tiene nada de justo; de hecho los que más especulamos, los que usamos derivados, no lo pagamos, y sí lo va a hacer el que compre acciones como forma de ahorro con la que vencer a la inflación y los tipos de interés negativos.

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