Bernard Arnault, presidente y director del conglomerado multinacional francés de lujo Moet Hennessy Louis Vuitton (LVMH), es el hombre más rico del mundo. Forbes, estima que la fortuna de este francés supera los 117.000 millones de dólares, esto es algo más de los 115.600 mill. de Bezos y a los 110.600 de Gates.

Y aunque no seas cliente de alguna de las marcas que posee (Christian Dior, Louis Vuitton, Veuve Clicquot y Sephora) tú, como europeo, le has ayudado a alcanzar esa riqueza.

Recientemente su empresa compró a la conocida joyería Tiffany por 14.700 millones de euros, como no tenía suficiente dinero para la operación decidió emitir unos bonos por valor de 6.000 millones de euros. Le fue muy bien ya que recaudó 7.500 millones de euros con vencimientos de entre dos y once años.

Algunos de estos bonos se colocaron con rendimientos negativos, lo que significa que los inversores están pagando a LVMH por prestarle dinero (un -0,21% para el bono de 2 años). No me he equivocado, le están dando dinero por pedirle prestado. Aquellos que le hayan prestado a 11 años obtendrán unos intereses de solo 0,43%. Así da gusto endeudarse.

Y todo esto debe agradecérselo al Banco Central Europeo, concretamente a Draghi que reinició el Programa de Compras del Sector Corporativo (CSPP) con 189.000 millones de euros. La idea del Banco Central es la de reducir los costes de financiación de las empresas europeas para facilitarles la inversión y es por esto que incluso que las empresas que no necesitan financiación la obtengan y en este caso uno de los grandes prestamistas al hombre más rico del mundo haya sido el BCE. A menudo el banco toma hasta el 20% de las emisiones elegibles, y ha habido una verdadera escasez de crédito de alta calidad desde que el programa de Facilitación Cuantitativa se puso en marcha.

Seguramente nos resulte a todos más que cuestionable que el BCE dedique sus recursos a prestar dinero a empresas que no lo necesitan para, a su vez, comprar empresas americanas (y que el dinero cruce el Atlántico) en lugar de refinanciar a compañías europeas en apuros o a los simples ciudadanos.

Dicen que la mejor manera de que te concedan un préstamo es aparentar que no lo necesitas y si realmente no lo necesitas, además, te pagan por prestártelo.