Las vacaciones de verano suelen servir para desconectar del resto del año, viviendo nuevas experiencias y, en muchas ocasiones, reviviendo episodios relacionados con nuestro pasado.

En este caso ha sido el reencuentro con mi vieja bicicleta, de los tiempos en los que el ciclismo no tenía el desarrollo casi profesional de estos tiempos y la bicicleta era más un codiciado juguete para niños y jóvenes, a falta de consolas de videojuegos.

La historia de la bicicleta en España es, realmente la historia de la bicicleta en el País Vasco, ya que pocas, y de poca importancia, fueron las empresas fabricantes españolas fuera de ese territorio. Las tres empresas principales fueron Bicicletas de Alava, S.A., cuya marca comercial, BH (Beistegui Hermanos), llegó a fabricar tres mil bicicletas diarias; la segunda fue Orbea, más enfocada al ciclismo de competición; y la tercera Garate, Anitua y Compañía, G.A.C., ahora ya desaparecida.

Curiosamente las tres fueron protagonistas de uno de los primeros casos de reconversión industrial de nuestra historia, ya que las tres empresas nacieron como empresas dedicadas a la fabricación de armamento ligero a las que la bajada de la demanda les forzó a cambiar su modelo de negocio.

El caso de BH se puede calificar como la historia de un éxito centenario. Nacida en 1.909 como empresa de armamento, tras la Primera Guerra Mundial, la empresa tuvo que reinventarse como fabricante de bicicletas, aunque permaneció desarrollando las dos actividades hasta el final de la Guerra Civil. A partir de ese momento, esta marca ha estado ligada tanto a grandes gestas deportivas, como la Vuelta España conseguida por Álvaro Pino en 1986, como a la cultura popular, gracias a la serie Verano Azul. El caso es que durante su época dorada, en la década de los 80, no había ni un solo rincón de España donde no hubiera una bicicleta de esta marca (igual aquí se nota que la mía es una BH).

En sus mejores años, la empresa empleó a más de 500 personas y llegó a fabricar incluso ciclomotores, además de convertirse en proveedor de diferentes piezas del sector automovilístico para empresas como Mercedes Benz y BMW. A partir de 1.992, la empresa comenzó su expansión internacional, al adquirir la marca de bicicletas Peugeot, aunque sólo cuatro años después, vendió su división internacional para volver a concentrarse en España y Portugal.

A día de hoy, la apuesta de la compañía es la de la especialización. La firma se ha ido concentrando poco a poco en la producción de bicicletas ultraligeras, para triathlon y eléctricas (muy demandadas en Europa del Norte).

En lo que se refiere a Orbea, la empresa nació en 1.840 en Éibar, dedicada también a la fabricación de armas, en este caso al calor de las intermitentes Guerras Carlistas. Tras la Primera Guerra Mundial, la empresa se escinde, quedando Orbea y Compañía, que permaneció en Éibar con la fabricación de armas y con una división dedicada a la fabricación de máquina-herramienta. Su introducción en el negocio ciclista se produjo a partir de la finalización de la Guerra Civil, momento en el que comienza a abandonar el sector armamentístico.

En los sesenta la empresa entró en crisis, de modo que en el 69, el último miembro de la familia fundadora se enfrentó a la posibilidad de cerrar. Los 1.500 puestos de trabajo en juego pesaron más. Los trabajadores se constituyeron como cooperativa y lograron la cesión de la marca y, tras abandonar Éibar y establecerse en Mallavia, comenzaron el camino de reflotamiento de la empresa.

A partir de 1.998, comienza el proceso de internacionalización, creando filiales en Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido, Bélgica, Alemania, Australia y Portugal. Este proceso se ha visto favorecido por el fuerte impulso al patrocinio de grandes deportistas, lo que favoreció que el nombre de la marca se haya visto favorecida por los logros deportivos de sus patrocinados. Su apuesta por la modalidad deportiva del triatlón, le ha hecho introducirse en el mercado del material deportivo de neoprenos y artículos de natación.

En cuanto a la producción, en junio de 2.015, la empresa decidió cerrar la planta de Kunshan, en China y ampliar la de Aveiro y Mallavía, impulsando las plataformas logísticas en Hong Kong y en Estados Unidos.

La proeza de esta marca, que hasta hace diez años era una pyme y en marzo de 2019 tenía en plantilla a 470 personas en el mundo, consiste en la creación de una estrategia de personalización, innovación del producto y proximidad al cliente, que le hace crecer a velocidades de dos dígitos. Esto le permite competir con auténticos gigantes del sector, como Trek o Specialized y además ser rentable (en 2.017 obtuvo 2,8 millones de beneficios).

La clave del éxito: la fabricación a gusto del consumidor y puestas a su disposición en cualquier lugar del mundo en tiempo récord (tres o cuatro semanas) Europa es el principal destino, con el 82,69% de sus ventas, le sigue América con el 8,7% y Asia con el 1,36%.

En cuanto al último fabricante, G.A.C. (Garate, Anitua y Compañía), se fundó en 1.892, también en Éibar como fábrica de armas. Tras la Guerra Mundial fue la primera en darse cuenta que la maquinaria para hacer los cañones de las escopetas se podía utilizar para hacer los tubos de los cuadros de la bicicletas, por lo que comenzó su reconversión rápidamente.

Tras la Guerra Civil, amplió su negocio al mercado del ciclomotor, en el que destacó con el lanzamiento de la famosa “mobilette”, de origen francés, pero adaptada y mejorada para el mercado nacional. Su crecimiento en este sector se vio frenado por la compra por parte de Yamaha de la empresa francesa colaboradora con GAC. Los japoneses intentaron imponer unas condiciones que no fueron aceptadas por la española y comenzaron las reducciones de personal y los intentos desesperados por seguir en el mercado del ciclomotor con una marca propia. Al final, en 1.991 se entra en suspensión de pagos y, tras varios intentos desesperados, en 2.001 GAC acuerda su disolución, siendo efectiva su liquidación en 2.003.