Uno de mis podcast favoritos es «Todopoderosos» en el que cuatro tipos muy simpáticos hablan principalmente de cine y recientemente dedicaron uno a Jim Henson, destacando el impacto cultural que tuvo Barrio Sésamo en los niños.

El popular programa protagonizado por los teleñecos lleva desde el 10 de noviembre de 1969 enseñando la diferencia ente arriba y abajo o entre cerca y lejos. Y lo ha hecho muy bien.

A los investigadores Melissa Kearney y Phillip Levine les dio por mirar si el acceso de los niños a Barrio Sésamo antes de cumplir siete años afectó su rendimiento escolar y sus resultados a largo plazo en la educación y el mercado laboral. Para ello, se basaron en una peculiaridad de las licencias federales de radiodifusión en la televisión americana. Cuando Barrio Sésamo se emitió en 1969, cerca de dos tercios de los hogares estadounidenses con televisores tenían acceso a ella, mientras que un tercio no lo tenía, porque tenían una señal de menor calidad. Algo así ocurría en España con el UHF y el VHF (donde emitían TVE1 y TVE2). Los investigadores trazaron qué condados tenían acceso a las dos señales y evaluaron a ese grupo de niños basándose en tres factores: qué proporción de niños estaban matriculados en el grado apropiado para su edad; si asistían a la universidad, abandonaban la universidad o se graduaban de ella; y su empleo, salario  y estado de pobreza.

Para ello asumieron que los niños a los que les llegaba la señal de televisión, veían el programa en algún momento (los audímetros le daban que lo hacían un 63%) y esto tiene un matiz interesante. Realmente lo importante no es que los niños lo viesen si no que sus padres se preocupasen porque sus hijos lo viesen.

Los resultados del estudio concluyeron que el acceso al programa estaba asociado con un mejor desempeño en la escuela primaria así como unas mejoras a largo plazo en el mercado laboral.

Desde el punto de vista económico, pocas inversiones se me ocurren más rentables, en su apogeo Barrio Sésamo llegó prácticamente a la totalidad de los niños preescolares de Estados Unidos, costando en total alrededor de $5 por niño por año (en dólares de hoy) cifra varias veces menor que el gasto en educación directa necesaria para lograr unos resultados similares.

Lo que nuestra el estudio es que es posible que los medios de comunicación tengan un impacto beneficioso en la vida de un niño en términos de su desarrollo en la primera infancia.

Tal y como comentó posteriormente James Heckman, premio Nobel y uno de los mayores expertos mundiales en economía de la primera infancia, dijo a The Washington Post «La solución para promover la preparación para la escuela y fomentar las habilidades productivas no es simplemente plantar a los niños frente al televisor o el tablet. La programación educativa de alta calidad puede servir como un complemento a la educación de calidad de la primera infancia, no como un sustituto».