El Gobierno de Pedro Sánchez va a pasar a la historia como uno de los más controvertidos de la historia de la democracia española (que no es poco teniendo en cuenta que hablamos de España). Partiendo de su cuestionada forma de entrar en el Gobierno y su empeño en gobernar sin casi apoyos, se une el problema catalán y su falta de soluciones, la polémica negociación para la aprobación de los Presupuestos, la lista de ministros cuestionados y la aprobación de leyes con medidas que parecen desesperadas para tiempos desesperados.

Entre estas medidas se cuenta la esperada Ley de cambio climático y transición energética. Con la que el Gobierno espera asegurar el cumplimiento del Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y garantizar la total ausencia de emisiones de CO2 en la economía española.

Con el borrador de la Ley listo aparece la polémica. El Gobierno quiere prohibir la venta y matriculación de coches gasolina, diésel e híbridos para 2040. Y diez años después, en 2050 ningún coche de combustión pondrá circular por suelo español. Además, la ley obligará que todos los municipios con más de 50.000 habitantes tengan que contar con “zonas de bajas emisiones” en menos de cinco años y planea establecer impuestos nuevos al transporte de mercancías.

Por otro lado, se pretende dar un “decidido” impulso a las energías renovables con la intención de instalar un mínimo de 3.000 megavatios de potencia al año. Y falta que hace, porque uno de los puntos en los que la implantación del coche eléctrico puede fracasar es, precisamente, la falta de oferta eléctrica a un precio lo suficientemente asequible para hacer frente a la demanda esperada.

Así las cosas, los principales problemas a los que se enfrenta el naciente sector del coche eléctrico se podrían resumir en:

  1. Insuficiente generación eléctrica. En España hay aproximadamente 30 millones de coches en circulación. Si sustituimos todos ellos por eléctricos y durante la noche se tienen que cargar todos para tener la batería llena al día siguiente a una media de 3 KW aproximadamente, necesitaremos una capacidad de generación eléctrica nocturna de 90.000 MW. Viendo el consumo eléctrico a día de hoy mismo, se aprecia que por la noche estamos en torno a 20.000 MW y por el día hay picos cercanos a los 33.000 MW. Lejos de las necesidades que se crearían con la implantación del nuevo vehículo.

Sin embargo, hay que decir que la capacidad de generación de España, lejos de ser baja, está sobredimensionada, con capacidad de generar casi 100.000 MW. Por otro lado, no todos los coches tienen que cargarse por la noche, sobre todo si las baterías aumentan su autonomía. Pero suponiendo que un tercio de los coches se carguen cada noche, la demanda nocturna subiría en 30.000 MW, lo que, sumado al consumo habitual de 20.000 MW nos daría un total de 50.000-60.000 MW. En horario nocturno, lo que imposibilita el uso de energía fotovoltaica.

  1. Esto nos lleva al siguiente problema, el del coste de la electricidad. Puesto que la demanda subiría exponencialmente durante la noche, la red eléctrica necesita más producción, almacenamiento para acumular durante el día los picos de algunas renovables (como la solar) con todos los problemas técnicos que esto conlleva, y eso sin entrar en los cargadores rápidos, que pueden duplicar o incluso triplicar la potencia requerida para la carga. Esto nos puede empujar a revitalizar la producción de energía eléctrica resucitando las centrales térmicas, que proporcionarían estabilidad al sistema eléctrico. Igualmente, seguiríamos hablando de mayores costes de producción y de precios de la energía eléctrica sin duda más altos. Por no hablar de que el objetivo de no emisión de CO2 se vería comprometido. Si además partimos de una de las tarifas eléctricas más caras de Europa…
  2. El problema de las baterías. Al margen de que la capacidad de producción de las mismas es aún bastante limitada, una fuerte demanda de coches eléctricos podría llegar a colapsar la producción, encareciendo notablemente el producto. Al margen de que, con la tecnología de hoy en día, las baterías conllevan un coste medioambiental importante, no sólo a la hora de reciclarlas, sino en el mismo momento de producirlas. En otras palabras, el consumo energético directo sí que será más verde (incluso aunque aumente la producción eléctrica por combustibles fósiles debido a la mayor demanda) pero la contaminación por el desecho de baterías antiguas puede ser muy importante.
  3. Pero la recarga de los coches eléctricos conlleva otro problema importante, que es el de la insuficiencia de los puntos de recarga. Ahora mismo estamos acostumbrados a recargar en las gasolineras, con una red abundante y eficiente (se llena el depósito en pocos minutos, cosa que da una autonomía de 800-1000 Km). Con el coche eléctrico la autonomía es menor y las recargas son lentas. El que no tenga punto de recarga en el garaje de su casa puede tener problemas a la hora de encontrarlo. Podremos llegar a encontrarnos con auténticas peleas por recargar la batería de estos vehículos. Sin contar con el problema de que, si se agota la batería en un atasco, por ejemplo, ¿qué podremos hacer con el vehículo, más allá de llamar a la grúa?
  4. Por último, queda el tema impositivo. El impuesto especial de hidrocarburos recauda en España alrededor de 11.000 millones de euros al año, a lo que hay que añadir el IVA que nos cobran por llenar el depósito. La desaparición de este impuesto añadiría entre uno y dos puntos del PIB al déficit. La solución se podría tener si se optase por un nuevo impuesto a la electricidad, pero sería injusto para aquellos que no tienen vehículo. Otra opción sería incrementar el impuesto de circulación, del que ahora mismo estos vehículos están exentos.

Por tanto, podría pensarse que el plan del Gobierno para acabar con los vehículos de combustión es más una declaración de “cómo me gustaría que fuese” que un “así lo vamos a hacer”. Política muy acorde con nuestra clase política, que prefiere los grandes titulares para las bonitas fotos antes que encarar el problema y aportar soluciones viables.