Aunque la sentencia de hoy sobre quién debe pagar los impuestos de la hipoteca puede que lo sea para España, la noticia más importante de este mes para el mundo a priori es la cita electoral en los EUA de mañana. El martes 6 de noviembre los estadounidenses están llamados a renovar los 435 escaños de la Cámara Baja y un tercio del Senado, además de votar por más de la mitad de los gobernadores, otros muchos cargos en el ámbito estatal y local, y una amplia gama de referéndums y consultas locales.. Lo curioso es que ya antes de los resultados se están haciendo unas interpretaciones un tanto absurdas sobre el resultado. Hay que recordar que Trump ganó las elecciones hace 2 años con casi 3 millones de votos menos por lo que sería un milagro que su partido, el republicano, no quede bastante atrás en estas elecciones. De hecho, en 2016 los porcentajes quedaron así:

Por otra parte, quizás por un espíritu equilibrador del propio votante, lo habitual es que el partido del presidente se vea castigado en estas votaciones como se puede ver aquí:

De hecho, aunque las pierda -si la diferencia no es grande- hasta podría significar que tras dos años polémicos de mandato, Trump no ha perdido apoyos. Y ya sé que hay mucho divorcio entre Trump y su partido pero a la hora de la verdad, es muy difícil que un republicano no le vaya a votar en 2020 (si se volviera a presentar, hay que recordar que tiene bastante edad) contra un contrincante demócrata.

El caso es que hasta ahora los republicanos dominan ambas cámaras y perderán seguro una y podrían perder hasta las dos. Si ocurriese esto, aunque sería bastante complicado en el caso del Senado, se dispararían los rumores de impeachment (algo más grave que una moción de censura, el otro día lo definían como una “crisis constitucional controlada”) con la excusa de las muchas sospechas de ilegalidades del actual presidente, sobre todo después de las confesiones de varios colaboradores. Pero yo algo así lo veo muy improbable, algo mucho más importante de lo acaecido hasta ahora tendría que pasar para ello, como mucho contemplo que Trump -atenazado por las críticas incluso de dentro de su propio partido, que seguro le culparía de esos supuestos malos resultados- renunciara, debido sobre todo a su elevada edad, a presentarse para un segundo mandato. De todos modos, ocurra lo que ocurra, no parece que la política vaya a hacer mella en la economía norteamericana ni en sus mercados financieros, ambos disparados los dos últimos años.

¿Cómo es posible que tantos analistas se equivocaran tanto al profetizar el desastre por la victoria electoral de Trump, cuando todo lo que pasó fue que unas horas después del recuento las bolsas cayeron con fuerza pero, incluso en aquella sesión, ya fueron de menos a más? Y Wall Street es sólo un síntoma, el PIB crece con una intensidad superior a la media y la tasa de paro está en mínimos de décadas. No es fácil explicarlo sin recurrir al típico “nadie conoce el futuro” pero hay factores a tener en cuenta:

Todo esto, y alguna cosa más, puede explicar el buen comportamiento económico y de los mercados financieros los dos primeros años de Trump pero también nos avisa de los grandes riesgos para la economía norteamericana que su gestión ha provocado: ha alimentado la burbuja en Wall Street que más pronto que tarde estallará (algunos creen que ha empezado a hacerlo ya) con consecuencias enormes en la economía real, ha empeorado las finanzas públicas de forma notable y su política arancelaria ya está aumentando la inflación y lo hará más al encarecer el coste de adquisición de muchos productos, tanto para el consumidor final como para las cadenas de suministros de muchas compañías. La fortaleza del $, debida en parte al propio Trump pero sobre todo a la política de la FED y la debilidad del € por el lío del Presupuesto italiano las últimas semanas, tampoco ayuda a la competitividad de las grandes exportadoras norteamericanas.

En resumen, balance positivo pero muchos riesgos en el corto y medio plazo, ¿Qué tendrá más en cuenta el votante americano el 6 de noviembre? Imposible saberlo, porque además entran en juego otros factores ya que Trump no es candidato; sin embargo, estoy bastante seguro que el resultado será, como ya pasó con la elección presidencial de hace dos años, bastante neutro para las actuales tendencias económicas y bursátiles norteamericanas.