España fue el primer país en introducir la matriculación obligatoria a los coches y la primera matrícula la encontramos en Palma de Mallorca en el año 1900, concretamente la PM-1 y el coche era el «Clement» que ves en esa foto tan borrosa.

Respecto al primer coche fabricado en nuestro país es bastante difícil encontrarlo ya que por entonces la definición de «coche» no era muy clara, los había de tres ruedas, de vapor… así que puestos por decantarnos por uno lo haríamos por uno que se fabricó en Barcelona en el año 1890 de la mano del industrial Francesc Bonet.

Desde entonces el sector de automoción ha crecido mucho en España y actualmente es el «motor» de nuestra actividad industrial ya que representa el 10% del PIB (incluyendo distribución y actividades anexas) y el 19% del total de las exportaciones españolas. La industria genera 300.000 empleos directos y 2 millones de puestos de trabajo ligados al sector.

Joe Kaeser es el jefe de una de las empresas más grandes de Alemania (Siemens) y recientemente ha advertido casi un tercio de los puestos de trabajo del sector del automóvil podrían perderse a medida que la transición de los motores de combustión a los coches eléctricos tenga lugar durante la próxima década, en lo que será «una de las transformaciones más importantes de todos los tiempos».

Según Kaeser, esta reducción drástica del empleo ha ocurrido en las tres primeras revoluciones industriales, aunque afortunadamente aportaron un mayor crecimiento a la economía que desembocó en nuevos empleos que ayudó a que más personas salieran de la pobreza y tuvieron una vida mejor. Por otro lado, corresponde a los gobiernos y a las empresas encontrar una solución a los desafíos que los avances tecnológicos crearían, incluyendo el reciclaje de los trabajadores cuyas habilidades ya no serían relevantes.

El impacto social y económico de la digitalización va a ser enorme. La parte menos eficiente de la cadena de valor, el intermediario, será eliminada. Desafortunadamente, la parte menos eficiente de la cadena de valor son los seres humanos.

Comercios, telecomunicaciones, banca, motor… no hay ninguna industria que esté a salvo de esta cuarta revolución insudtrial y seguramente las estimaciones dadas para la industria automovilística sean válidas para el resto, probablemente un tercio de los trabajadores mundiales tengan que cambiar, no solo de trabajo si no que también de empleo haciendo algo completamente nuevo y en lo que deberán ser más competitivos.

Es el precio del progreso y esperemos salga bien.