Con la integración del Banco Popular en el Grupo Santander, muchos analistas han venido advirtiendo del peligro que supone para el sistema bancario la alta concentración del mercado en unas pocas entidades. De hecho, en manos de solamente cinco entidades, tiene lugar entre el 80 y el 90% de la actividad bancaria española. Es más, entre el Grupo Santander, Caixabank y BBVA, se concentra entre el 60 y el 70% del crédito y depósitos de particulares y pequeñas y medianas empresas.

Esto responde a la política fomentada desde el Gobierno, y respaldada por Europa, ante el aviso, por parte del Banco Central Europeo, de que había demasiados bancos en Europa. La respuesta ha sido clara: concentración bancaria, menos entidades, ajustes de plantillas y clientes cada vez más descontentos.

Y el proceso no ha terminado, todavía quedan unas cuantas entidades de pequeño tamaño que pueden figurar como “absorbibles”, tales como Unicaja, o Liberbank. Así como alguna posible fusión, con el Banco de Sabadell como estrella.

Pero concretar operaciones no es sencillo, aparte de los problemas económicos derivados de los reajustes de plantilla y de sucursales, la absorción de un buen puñado de nuevos clientes, acostumbrados a una determinada filosofía de empresa, y su integración en el modelo propio, siempre da lugar a una serie de descontentos que aprovechan la ocasión para cambiar de entidad. No hay que olvidar que el resto de empresas esperan estas fusiones para “pescar” clientela, existiendo incluso estrategias para hacerlo.

Por otro lado, no hay que olvidar el efecto pernicioso que los procesos de fusión ejercen sobre la competencia. Las reducciones en el número de empleados y de oficinas provocarán que cada vez más poblaciones se queden con menos oportunidades a la hora de escoger su banco. Este proceso se acentúa con la progresiva implantación de la banca digital, que es la otra pata de esta silla.

Y es que precisamente esta es la oportunidad del sistema bancario español para no caer en un oligopolio. El sistema financiero está evolucionando gracias a las tecnologías de la información a pasos agigantados, tanto es así que se estima que en el 2.020, entre un 50-55% de los usuarios de banca lo serán puramente digitales.

Este proceso de digitalización del sector financiero se debe principalmente a dos causas. La primera es el enorme descontento social derivado del batacazo que el sector se llevó durante la crisis financiera, agudizado por todas las ayudas que muchos bancos recibieron. La segunda es la aparición de nuevas empresas tecnofinancieras que cubren, por ahora, los nichos de mercado a los que no llegan las grandes entidades. Pero que empiezan ya a copar parte de su negocio, sobre todo en lo que se refiere a métodos de pago y transacciones a través de medios digitales.

Ante este reto, las entidades financieras tradicionales buscan cómo adaptarse, ya sea mediante alianzas, adquisiciones o con acuerdos de colaboración para desarrollar nuevos productos.

Y ante esto, la irrupción de los gigantes tecnológicos en el mercado financiero. Empresas como Google, Apple o Amazon, intentando aprovechar su conocimiento del cliente y su experiencia en transacciones electrónicas. De hecho Amazon está realizando ya experimentos con un hipotético desembarco en el mundo financiero.

En India y en México, la compañía ofrece servicios únicos de pago y contacta activamente a empresas emergentes de tecnología financiera con el objetivo de crear plataforma y herramientas digitales que permitan crear alternativas a la banca. El objetivo al hacerse con estas empresas es poder ofrecer una alternativa de pagos on line que pueda, no sólo obviar al sistema financiero tradicional, sino también prescindir de las tarjetas de crédito.

En India tienen un servicio de recogida de efectivo a domicilio para que los clientes puedan cargarlo en una billetera digital. Esto sustituye a la custodia del efectivo que realizan los bancos en las tradicionales cuentas corrientes. Por su parte, en México tiene un servicio de pago en efectivo destinado a ser una alternativa a una tarjeta de crédito o débito.

Pero lo de Amazon no se limita a un experimento en un país extranjero, en los propios Estados Unidos, también va poco a poco haciendo incursiones y prospecciones selectivas en el sector financiero. Aunque no proporciona aún a sus clientes servicios financiero-bancarios como entidad de amplio espectro, no es menos cierto que Amazon ya ha empezado a preocupar seriamente al sector. No podemos obviar que, una media de 33 millones de estadounidenses, utilizan cada semana el sistema de pagos del gigante de Seattle, y además que ya ha prestado desde 2.011, más de 3.000 millones de dólares a pequeñas empresas de su plataforma. Además del lanzamiento de Amazon Cash hace cosa de un año, sistema que permite a los usuarios cargar y gestionar fondos en su cuenta de Amazon.

El caso es que el sector de las finanzas está obsesionado con la idea de que Amazon y otras compañías de tecnología invadan su mercado. Los bancos no quieren ni oír hablar de las grandes tecnológicas metidas en el negocio financiero. Estas tienen mucho músculo económico para afrontar con garantías un servicio que ofrezca las mismas funcionalidades que un banco, pero además cuentan con todo el conocimiento de las nuevas tecnologías y millones de usuarios como potenciales clientes.

Esto sin embargo es inevitable, las compañías tecnológicas poseen dos elementos capitales importantes cuando se trata de tener éxito en los pagos y préstamos del consumidor, como son los datos y la relación con el cliente. Por eso será inevitable que las tecnológicas se involucren más en el sector financiero para explotar esa ventaja competitiva.

De hecho, Amazon no es la única que está explorando esta posibilidad. La operadora Orange ha entrado de lleno en el negocio con Orange Bank en Francia, servicio que llegará a España en 2019. Aquí ofrecen un banco 100% digital en el que podremos realizar todos los trámites habituales directamente desde el móvil.