En nuestra búsqueda por encontrar un culpable genérico de todos los males que nos afectan, el capitalismo y la globalización suele ir unidos de la mano como dos de los sospechosos habituales en provocar desigualdad, esclavismo, contaminación, corrupción e injusticia, por citar sólo unos pocos de sus devastadores efectos.

Pero a cambio, nos da tostadoras.

Actualmente por 13,95€ en menos de 24 horas puedes tener en tu casa una  «Tristar BR-1013 – Tostadora, 6 funciones ajustables, con soporte para pan, 800 W«, esto es lo que opinan un cliente.

Tostadora sencilla, con la potencia suficiente para tostar panes.
Las ranuras no son muy anchas, pero suficiente para pan de molde.
Incluye bandeja para poner encima y poder calentar pan u otros elementos.
No muy recomendado para descongelar

Realmente es algo que me sorprende, el que lleven a mi casa en menos de un día una tostadora nueva por menos de 15€.

Existe una opción anticapitalista y antiglobalización extrema que consiste en hacerte tu mismo la tostadora. Eso es lo que intentó hace unos años Thomas Twaites, fabricarse una tostadora, como las que venden en Amazon sin ayuda de nadie.

Para ello desmontó la más barata que encontró e intentó reproducir y montar cada una de sus piezas (más de 400) desde cero.

Para ello se puso el objetivo de hacerlo en 9 meses partiendo de cinco elementos, el acero, la mica (aislante), el plástico, cobre y níquel.

Se fue a una mina de hierro y con ayuda de un microondas y después de 16 horas, logró fundirlo. Con el plástico se pasó un buen rato ya que se puede obtener tanto del petróleo (algo complicado y engorroso) como de los aceites vegetales, así que lo hizo con almidón de patata y lo virtió en un molde hecho con el tronco de un árbol. El problema es que cuando lo dejó secando, los caracoles se habían comido una parte. Y así con el resto de los elementos.

En total 9 meses y 1.187.54 libras después logró esto.

Se derritió cuando se enchufó a la red eléctrica.

En xataka ciencia comentaron este experimento (y el de hacer un libro desde cero) con una interesante conclusión de Matt Ridley en su libro El optimista racional:

En las dos horas desde que me levanté de la cama, me bañé con agua calentada por la compañía de gas North Sea, me afeité usando una maquinilla estadounidense con electricidad producida por carbón británico, comí una rebanada de pan hecha de trigo francés, untada con mantequilla neozelandesa y mermelada española, después me hice una taza de té utilizando hojas cultivadas en Sri Lanka, me vestí con ropas de algodón de la India y lana de Australia, con zapatos de cuero chino y goma malaya, y leí un periódico hecho de pulpa de celulosa finlandesa y tinta china. Ahora estoy sentado frente a un escritorio escribiendo en un teclado de plástico tailandés (que probablemente comenzó su vida en un pozo petrolero árabe) para poder mover electrones a través de un chip de silicio coreano y algunos cables de cobre chileno.

El capitalismo y la globalización tiene sus consecuencias, muchas negativas que deben ser corregidas , pero al menos nos lleva tostadoras a casa por menos de 15€.