Parece una broma entresacada del día de los inocentes. Sin embargo, la realidad, casi siempre más radical que la imaginación, es que el fenómeno de Tabarnia va tomando forma, como si al circo montado en torno a la no declaración de independencia catalana, aún le faltase alguna criatura de feria del tipo la mujer barbuda o el monstruo del pantano.

La plataforma Barcelona is not Catalonia, contraria al separatismo catalán, es la que acuñado el término y consiste, básicamente, en la petición de una nueva autonomía, separada de la actual Cataluña, y formada por parte de Tarragona y Barcelona para «aislarlas de la amenaza separatista», dicen sus impulsores.

Esta plataforma, que existe desde el 2.012, y que nació para “recuperar la antigua soberanía del condado de Barcelona y crear una nueva comunidad autónoma española”, ha recibido un impulso inusitado en las últimas fechas debido principalmente al resultado de unas elecciones autonómicas que no han contentado a nadie. De hecho, uno de los caballos de batalla de la plataforma es reivindicar un sistema electoral más justo que no prime unos votos frente a otros debido a su localización geográfica.

Tanto es así que un diputado por Barcelona “cuesta” 48.521 votos, uno por Tarragona 31.317, 30.048 uno por Girona y 20.915 cada uno de los de Lleida. Esto ha dado lugar a la paradoja repetida de que, en votos los independentistas son minoría, pero son mayoría en el Parlament.

Y con estos mimbres toca hacer Gobierno. En principio a la lista más votada, sin ninguna alusión personal a Arrimadas, que, al no tenerlo claro, va a hacer la de Rajoy en las generales y dedicará sus esfuerzos, previsiblemente, a verlas venir y a esperar tiempos mejores, si los hubiera. En cuanto a la primera alternativa, con un candidato ausente (en el exilio, creo que le llaman), sólo pueden esperar y buscar su oportunidad si logran el apoyo del resto de las formaciones independentistas y que permitan a Puigdemont jurar su cargo también al estilo Rajoy: por plasma. La segunda alternativa, de ser investido President, tendría que acomodar su agenda a los permisos carcelarios.

En definitiva, podría ser el guion de una serie de comedia de un canal de pago, si realmente el futuro, ya no de una región, sino de todo un país estuviera en juego.

Sin embargo, y continuando con lo que parece el chiste “tabarniano”, resulta curioso ver en lo que quedaría Cataluña si la escisión se llevase a cabo:

En cuanto a la población, en Tabarnia viven casi el 75% de los habitantes de Cataluña. O lo que es lo mismo, lo que queda, aunque más grande en territorio, está mucho más despoblado. Y eso si contamos todas las demás comarcas como partes de esa hipotética república catalana, algo que no está nada claro. Muchos territorios fronterizos con Aragón están muy lejos del furor secesionista (por ejemplo, el Valle de Arán, en el que existe una clara mayoría constitucionalista).

En lo que se refiere al PIB, la cosa es aún peor, porque es en la zona de Tabarnia en la que se genera el 78% de la riqueza de Cataluña, siendo además esta zona la punta de lanza de la economía catalana, por lo que una hipotética escisión dañaría gravemente al resto de la economía catalana, que se vería abocada al sector primario. Sin Tabarnia, lo que queda es un territorio pobre, sin industria, con poco turismo y dependiente en buena medida de la agricultura. Eso sí, ya existe una propuesta para crear Catabarnia, que sería la parte independentista dentro de Tabarnia, con la misma bandera, pero incluyendo una estrella.

Por ahora, han logrado que se hable de ellos a nivel internacional, crear una petición en el portal Change.org y diseñar su propia bandera, que se ha convertido en éxito de ventas, hasta el punto que el fabricante se ha visto desbordado.

Volviendo a la realidad, lo cierto es que los candidatos ya perfilan sus opciones para asumir una legislatura que, gobierne quien gobierne, no será fácil. La nota curiosa: sin saber si será una coalición independentista la que gobierne al final, éstos ya han presentado un informe que detalla la ayuda que van a necesitar del Estado. Estas navidades, un equipo de funcionarios de la Vicepresidencia económica de la Generalitat, ha presentado un informe de cara a inversores extranjeros por el que se detalla que no podrán gobernar toda la legislatura ni garantizar servicios públicos sin que el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) les inyecte unos 35.000 millones, a razón de cerca de 9.000 millones al año. Solo en este 2018, calculan que necesitarán 9.439 millones, frente a los 7.800 millones de 2017.

La cifra resulta de la suma de déficit que será necesario financiar, vencimientos ante la banca nacional y extranjera y, sobre todo, la devolución de préstamos del FLA que solo el propio Estado puede refinanciar, dada la calificación de bono muy basura de la Generalitat.

Lo curioso es que el citado informe fue concluido el 18 de diciembre. Es decir, tras mes y medio de presunto control férreo de la vicepresidencia de la Generalitat por parte de los ministros de Hacienda, Cristóbal Montoro y de Economía, Luis de Guindos, en virtud de la aplicación del 155. Lo cual no dice mucho en cuanto al control efectivo realizado, a no ser que hablemos de una filtración interesada. Cualquiera de las dos opciones es espantosa.