Es habitual que tras un acontecimiento traumático en los mercados una gran parte de los inversores se queden marcados cara al futuro por un hecho que no deja de ser pasado. Recuerdo por ejemplo los recelos cuando Google salió a bolsa en 2004, el recuerdo del desastre de las “.com” llevó a muchos a rechazar meter su dinero en una empresa del mismo sector. Y lo mismo ocurrió durante años en empresas que luego han resultado muy rentables como Amazon. Y el mismo fenómeno ocurre en la percepción económica general, en España tenemos un ejemplo muy cercano con el sector inmobiliario. Fue tan acusada la caída de precios desde 2008 y el impacto económico del estallido de la burbuja que el pesimismo se generalizó cuando lo cierto es que ya llevamos unos años de subidas y que la vivienda, aparte de un bien necesario, se ha convertido en una excelente inversión que bate con holgura al IPC.

Personalmente ni me gusta (lo veo más como bien de uso que de especulación y además prefiero la inmediatez para recuperar mi dinero de los mercados organizados) ni entiendo la inversión inmobiliaria entre otras cosas porque depende de muchos factores que lo hacen un mercado poco homogéneo (desde la ubicación a las calidades pasando por las normativas municipales etc.) y además me parece un poco burdo meter en el mismo saco un mercado que incluye un ático en el centro de Madrid, un estudio en la costa y un chalet en un pueblo de Teruel… pero es innegable que para muchos lo es. Con todo, lo que más me llama la atención es la animadversión general que se ha desarrollado en España contra el sector constructor e inmobiliario que lleva a que, como en su día pasó con los que desaconsejaban comprar acciones de Google y todo lo relacionado con internet, desprecien un sector económico importante e incluso describan cualquier dato positivo referente a él como “una nueva burbuja”. Como vemos aquí, el peso de la construcción en el PIB lleva años en torno al 10%

No parece haber ningún riesgo de sobrecalentamiento y es una gran noticia que implica que la crisis ha cambiado algo el modelo económico español, más orientado a la actividad exterior y menos al ladrillo. Eso no es ni bueno ni malo per sé pero parece más apropiado que el crecimiento se sustente en diferentes ramas y que ninguna tenga tanto peso como para que una crisis en un solo sector arrastre al país entero. Pero repito que el impacto del estallido de la burbuja de 2008 sigue pesando en el ánimo general y cuando sale algún dato como por ejemplo que crece el número de hipotecas, saltan los comentarios advirtiendo de una nueva hecatombe. Pues no, España está lejos de tener una economía perfecta pero el tema inmobiliario está bastante contenido y creo hemos vuelto a cierta racionalidad como podemos comprobar en este gráfico del número de hipotecas

Por cierto, que donde más se sigue notando que la burbuja estalló es en el empleo donde no vemos el repunte que sí se detecta en el número de transacciones y el aumento de precios:

Sí que se puede vislumbrar algún riesgo en el aumento del volumen de la hipoteca media pero aparte de que es lógico debido a la subida de precios, seguimos estando muy lejos de niveles de burbuja:

Como habéis podido comprobar, al ser víspera de Reyes no he querido escribir demasiado (gracias a los gráficos del profesorCombarro que hablan por sí solos), sólo me queda apuntar que los mercados han acabado un año fantástico para la bolsa aunque la última semana haya sido bastante gris y han comenzado 2018 con la misma tónica de 2017: Wall Street disparado, impulsado sobre todo por las tecnológicas y los rumores de grandes entradas de dinero en los EUA procedentes de las multinacionales gracias a la rebaja fiscal, y una bolsa eurozonera al alza pero algo menos optimista ya que vive preocupada por la fortaleza del € -el martes llegó a niveles no vistos desde 2014- que se ha acomodado por encima de 1,20. También el precio del crudo sigue demostrando fuerza. Esperemos se desinfle un poco y no llegue a afectar a la inflación y los tipos de interés.

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