Noviembre se ha convertido, no se sabe si definitivamente en un mes dedicado a la cultura anglosajona. El predominio cultural derivado de la preponderancia de la economía norteamericana se ve ahora potenciado por el fenómeno de la globalización que, haciendo pleno uso de las redes sociales, contagia como un virus todo evento cultural, sobre todo en lo referente a espíritu festivo.

El caso es que este mes ya arranca con la primera de las fiestas importadas, como es Halloween (tan implantada que ni siquiera es desconocida por el corrector ortográfico), que supone un contrapunto simpático y festivo a la tradición hispánica tan solemne como es la festividad de Todos los Santos. El efecto está claro, mientras que la tradición sólo supone un revulsivo para las floristerías, Halloween fomenta las ventas de un buen puñado de sectores, como son el ocio y la restauración, ventas de disfraces y adornos específicos y, como no, la venta de golosinas.

No contentos con eso, desde Estados Unidos nos llega también el Black Friday, como un anticipo de las ventas navideñas. Este evento, situado en el calendario justo al día siguiente del Día de Acción de Gracias (fiesta grande en Estados Unidos) se originó, según algunas versiones, en Filadelfia donde se utilizaba en el ámbito de la policía, para describir el denso tráfico de gente y vehículos que abarrotaba las calles al día siguiente de Acción de Gracias. El uso de este término comenzó alrededor de 1961, popularizándose hacia 1966, y extendiéndose al resto de los estados a partir de 1975. Según otras fuentes, el término puede referirse también a una crisis económica: el viernes 24 de septiembre de 1869, dos implacables financieros de Wall Street, Jay Gould y Jim Fisk, tras un intenso trabajo por conseguir grandes beneficios, fracasaron en su empeño, y el mercado entró en bancarrota. Por ello, se nombró a ese día como el “viernes negro”.

Este día no es oficialmente un festivo, pero es visto así por muchos empresarios, que prefieren dar el día libre a sus empleados (antes de que éstos se lo cojan con cualquier excusa), incrementando de esta forma el número de potenciales compradores. De hecho, desde el 2005 este ha sido el día de mayor movimiento comercial de todo el año, lo que ha ayudado a que su nombre tenga una explicación alternativa: es el día en que las cuentas de los negocios pasan del rojo al negro de los beneficios.

Por si fuera poco, este festival de consumismo se complementa con el Ciber Monday, que consiste en una serie de ofertas relacionadas con el mundo de la tecnología y que se solapa con la ampliación del Black Friday, el cual lleva camino de extender su influencia hasta la campaña navideña.

El desembarco del Black Friday en España se produjo en 2012, de la mano de grandes multinacionales como Apple, Media Markt, la tienda online japonesa Rakuten o el gigante de las compras por internet, Amazon. Y, según una encuesta realizada por MasCupon, las previsiones indican que es probable que los ingresos asciendan a casi 1.445 millones de euros, cantidad que empieza a acercarse a la de grandes potencias económicas como Alemania, que llegó a facturar 1.800 millones de euros en 2016, e incluso a superar ligeramente otras como Francia, que registró una suma de 1.350 millones de euros el mismo año.

De hecho, según el estudio de previsiones del “Barómetro de tendencias en las compras navideñas” realizado por American Express, se estima que el 54% de los españoles han sucumbido a las ofertas del pasado viernes. Por segmentos,  la ropa y el calzado los productos más solicitados en este esperado acontecimiento. Según el estudio, este sector ha representado el 79% de los ingresos, porcentaje que se ve justificado por el destacado aumento de las aplicaciones y plataformas web de compra de artículos de moda.

En este sentido, las tiendas online se consolidan como competencia del establecimiento físico: el 52% de los ciudadanos acude a establecimientos tradicionales y un 50% únicamente a portales online. De hecho, el comercio minorista aún reticente a esto del Black Friday ha realizado un ingente esfuerzo en sumarse al carro este año, en el intento de salvar una campaña otoño-invierno que no está siendo todo lo buena que esperaban.

Esta consolidación se acusa más entre los más jóvenes (los nacidos entre 1995 y 2009), mientras que los más pragmáticos de entre 38 a 40 años, aprovechan para adelantar las compras navideñas.

Para hacer frente a este volumen de ventas, las compañías de paquetería afirmaron que se contratarían alrededor de 150.000 personas de cara al viernes negro y ya aprovecharán para mantener estas plantillas de cara a la campaña de Navidad. Esto supone un 11% más que en 2016.

Estos datos sitúan a España en una línea de crecimiento superior a la mayoría del resto de países europeos. Para el 2017 se espera que cada consumidor desembolse una cantidad que ronda los 215€, por lo que se produciría un incremento del 49% sobre el año anterior. Por todas estas condiciones, y teniendo en cuenta que ya de 2015 a 2016 España mejoró su facturación en un 14,59% al pasar de 1.172 millones a 1.343 millones de euros, el Black Friday España 2017 pronostica llegar a contabilizar a nivel nacional unos valores jamás registrados en una fiesta comercial de tan poca duración.