Este mes de Octubre la actualidad está siendo dominada por el asunto catalán y desde luego como tema político es apasionante porque nunca habíamos vivido en la actual España algo así y si nos fuera ajeno, seguro que podríamos valorar las complejidades de ambos bandos y la parte de razón que se reparten. Pero si la objetividad es habitualmente utópica, en algo que nos atañe tanto se antoja casi imposible. Por eso es mejor recurrir a los hechos y a los datos, más que a buscar quien tiene o no la razón. Y para mi hay dos hechos acaecidos este mes especialmente graves:

Y esto era algo tan fácil de pronosticar que yo llevo años diciendo que pasaría. Pero se negó por el bando independentista como se negó algo tan evidente como que la UE está en contra de cualquier ruptura de la unidad de uno de sus miembros y que tiene unas normas claras, que han sido repetidas por sus dirigentes las últimas semanas: que reconocen el orden constitucional español como preferente. Ni con los errores de bulto de Rajoy el 1-O han conseguido que algún gobierno se comprometiera a reconocer a la República catalana. De hecho, yo no culpo a la mayoría de los ¿2 millones? de actuales independentistas por creer que era factible algo tan sumamente complicado y con tan baja probabilidad de éxito, culpo a las autoridades y a los personajes (políticos pero también columnistas, economistas, tertulianos etc.) que les mintieron (probablemente de forma consciente) ignorando los riesgos y dibujando un procés completamente alejado de la realidad. Y siguen sin pedir perdón ni cambiar de discurso. Es triste que aún hoy muchos se enfadan con los que les sacan del error en lugar de volverse contra los que les han contado una historia que no era cierta: ni ha habido reconocimiento internacional ni apoyo de la UE, que además ha dejado claro que en el improbable caso de una independencia, por supuesto –como hemos dicho una y otra vez los que nos hemos informado sobre ello- Cataluña se quedaría fuera. Incluso han sacado el engaño de que no pasaría nada, que se ingresaría en el EFTA como Noruega, lástima que la realidad sea otra: no se puede ingresar en el EFTA sin el beneplácito de todos los miembros del Espacio Económico Europeo (incluido España) por unanimidad.

Entiendo que el noventa y muchos por cien de la gente no se informa por sí misma y cree lo que le dicen los medios o los personajes famosos con los que se siente ideológicamente más identificado pero una vez más esto se ha demostrado como un error. Nadie sabe si tras un proceso –que no será corto- será factible una Cataluña independiente y nadie sabe si tras unos años los catalanes vivirán mejor gracias a ello pero sí sabemos, y estas semanas son un pequeño anticipo, que intentar la separación empeora la situación económica y que si al final llega la independencia, los primeros años tampoco serán fáciles porque costará mucho obtener reconocimiento primero e ingresar en organizaciones internacionales después. Si alguien quiere la independencia está en su derecho, pero siempre debe estar bien informado de las consecuencias, ¿lo estaban los supuestamente 2 millones que votaron Sí el 1-O? Desde luego si creyeron las mentiras de la mayoría de los líderes y medios independentistas sobre lo factible que iba a ser la independencia y que todo iban a ser beneficios, desde luego que no. Y que la independencia real no iba a ser posible pocos días después del 1-O y que no es cierto que Cataluña tenga en absoluto más capacidad de presión que España, lo demuestra el que Mas –aquel que hinchó todo esto convirtiendo a CiU en un partido independentista tras el rechazo del pacto fiscal por parte de Rajoy en 2012- siguiera recaudando dinero para pagar la multa al Tribunal de Cuentas español. Es fácil deducir que si paga es porque lo considera una autoridad que puede castigarle si no lo hace, es decir, reconocía la permanencia de la soberanía de España tras el 1-O.

Y que conste que los errores políticos son en ambos bandos y para nada estoy de acuerdo con la estrategia de Rajoy porque sienta un peligroso precedente que es el siguiente: cualquier gobierno de cualquier comunidad autónoma podrá saltarse las órdenes del Tribunal Constitucional y del gobierno central durante tiempo indeterminado que mientras no declare la independencia (o lo parezca), el estado no hará nada. En cualquier caso da igual que le echemos la culpa a Rajoy, a Puigdemont, a ambos o a más gente, porque esto ha dejado de ser un problema político para ser un problema social y económicode los que afectan al bienestar de la gente, sean unionistas, independentistas o les importe un bledo el tema. Y es que hoy Cataluña está peor que hace un mes y no tiene pinta que vaya a haber mejoras en el corto plazo. Hasta S&P ya especula incluso con que Cataluña entre en recesión. Mientras, en el resto de España hay un sabor agridulce en lo económico (llegan inversiones y empresas que huyen de Cataluña pero que le vaya mal a uno de los motores de España no es bueno para el conjunto) y un terremoto político que ha dejado, entre otras cosas, al gobierno sin apoyo para los Presupuestos. ¿Lo peor? Que se aplique o no el artículo 155, tenemos inestabilidad y conflicto para –mínimo- meses. Como suele pasar en estos casos, no hay ganadores: todos perdemos.