Llevo desde 2003 viviendo en Cataluña y desde muy pronto me di cuenta que había un cierto desapego hacia el resto de España y que la idea de la independencia, sobre todo entre la gente de los pueblos del interior, resultaba atractiva para muchos. Pero se veía como algo remoto, de hecho cuando el Parlament aprobó el estatut en 2005, hasta el partido independentista ERC estaba de acuerdo. Luego, como ZP faltó a su palabra de 2003 en la que aseguraba que aceptaría el estatut que decidiera el Parlament, ERC pidió el No en el referendo de 2006 y aún así, con una participación del 48,85%, el resultado fue de un claro 73,90% de votos a favor. En 2010, el Tribunal Constitucional recortó 14 artículos por considerarlos anticonstitucionales lo que fue una excusa perfecta para que ese desapego aumentara. De hecho, hasta ese año a la manifestación por la Diada del 11 de septiembre acudían menos de 10 mil personas. Entre 2006 y 2010 hubo más diferencias: se pasó de un gobierno presidido por Montilla (con apoyo de los partidos más a su izquierda, incluido ERC, y la oposición de CiU) a uno presidido por Mas (con los votos en contra de ERC y gracias a la abstención del PSC).

Pero sobre todo hay un cambio fundamental en el clima económico por la irrupción de la crisis. Es la crisis la que hace que Mas proponga a Rajoy, ganador por mayoría absoluta a finales de 2011, un nuevo pacto fiscal en 2012, similar al vasco y al que varias décadas antes Pujol rechazó. La respuesta de Rajoy, a pesar de la gran demostración popular de la Diada del 11 de septiembre de aquel año, y tras varias conversaciones con Mas, fue un No. Su argumento versó en que no encajaba en la Constitución aunque en fechas más recientes De Guindos explicó que la causa fue la difícil situación financiera del país (2012 fue el año de los máximos de la prima de riesgo, el rescate bancario etc.) la que impidió aceptarlo. En cualquier caso, Mas dijo a Rajoy: “O aceptas el pacto fiscal o te atienes a las consecuencias”. Hay que recalcar que el motivo del desencuentro entonces fue fundamentalmente económico.

A partir de ese momento, Mas pasa a pedir una consulta por la independencia de Cataluña «sea legal o no», y recibe todo el apoyo de ERC –y de la mayoría del Parlament- para ello. Se convocan elecciones autonómicas anticipadas para noviembre de 2012 y aunque el partido de Mas pierde varios escaños, con el aumento de los de ERC y su apoyo parlamentario, no tiene problemas para formar gobierno. De repente CiU, o más concretamente Convergencia (Unió acabaría rompiendo el pacto por este tema) pasa a ser un partido independentista que pide el Sí y casi todos sus votantes pasan a serlo también. Junto a ERC organizan el 9N de 2014 en el que un 33% de los llamados a votar lo hace y de ellos 8 de cada 10 contesta sí a las dos preguntas: ¿Quiere que Cataluña sea un estado y quiere que lo sea independiente? De nuevo Mas convoca elecciones autonómicas anticipadas en 2015 pero esta vez hay un nuevo frente independentista unido (su núcleo es Convergencia y ERC) que se llama Junts per el Sí que no consigue la mayoría suficiente para gobernar debido a la aparición de dos nuevas fuerzas en el Parlament; la marca catalana de Podemos y la CUP, también independentista pero muy crítico con Mas. Al final Mas acepta retirarse para que la CUP vote a favor de Puigdemont en enero de 2016 y llegamos a la situación actual: un Parlament con mayoría de escaños a favor de la independencia que usan esa mayoría para convocar el 1-O y deciden que si el resultado es Sí, sea cual sea la participación, Cataluña será un estado independiente.

Estos son los hechos grosso modo, ahora parece más fácil ver los errores y aciertos de unos y otros en este proceso pero no hay una opinión unánime. Es obvio que el auge del independentismo –que repito, latente ya estaba- en Cataluña procede del momento en el que Rajoy le dice a Mas que no acepta el pacto fiscal que le ofrece en 2012, ya que a partir de ese momento Mas se pasa del nacionalismo al independentismo y con él sus votantes pero ¿eso significa que Rajoy debió ceder? Nadie sabe cómo estaría la situación financiera de España ahora con una de las autonomías más ricas ingresando menos a la caja común justo cuando empezaba la recuperación y es normal que el presidente mirara por el conjunto, ¿Entonces hizo bien? Tampoco porque si lo tiene Eukadi hay pocos argumentos para negárselo a otros y además subestimó la amenaza para la unidad del país porque no se imaginó que su negativa derivaría en un frente con la enorme unidad que están demostrando partidos de diferentes ideologías. Como siempre, la solución debió ser algo intermedio (y lo hubiera sido si Rajoy no hubiera tenido mayoría absoluta y hubiera necesitado el apoyo de los nacionalistas como ha pasado este año con el PNV).

En mi opinión el punto más importante fue la reacción al 9N de 2014. La causa independentista, que hace 10 años tenía muchos simpatizantes pero que muy pocos veían posible, empezó a verse como probable no sólo tras aquella consulta, sino sobre todo porque el hacerla no tuvo consecuencias. Para mi, que no quiero ver más nuevas fronteras en el mundo y mucho menos dentro de España, el mayor error de Rajoy, y de las instituciones del estado en general, fue que el 9N les salió gratis a sus organizadores. Fue un acto ilegal al que se destinó dinero público y por tanto, punible pero no se castigó a sus promotores. Normal que aumente el apoyo a la independencia si ante un desafío a la legalidad como aquel, no hay respuesta de las instituciones del estado, normal que se atrevieran a organizar el 1-O si la lección fue que saltarse las leyes no tenía consecuencias. Aquello hizo que se perdiera el miedo a la subversión. De hecho, más allá del independentismo, hay una radicalización del voto en Cataluña hacia formaciones –como la de Colau o Junqueras- que hasta defienden al régimen de Maduro (por no hablar de la CUP que vive tan alejada de la realidad que criticó que los mossos abatieran a los terroristas por ser “ejecuciones extrajudiciales”), todo muy lejos del tradicional seny catalán. Si las acciones de estos días por parte de jueces, Montoro, policías, etc. se hubieran hecho a finales de 2014 creo que la situación ahora sería mejor.

La cuestión es que a pesar de no tener apoyo legal, ni económico ni internacional, la causa independentista en Cataluña es muy importante y se lo ha trabajado muy bien (en parte porque hasta hace algunas semanas nadie desde el estado les frenaba) y en un país donde hay motivos de sobra para desconfiar de los políticos, han conseguido que gran parte de los catalanes les crea y vean factible algo que no lo es, o al menos en un plazo cercano. No existe aún una mayoría social tan grande como para que sea aceptable la creación de un nuevo estado ya que en torno a la mitad de la población no lo desea y esa es la gran ventaja que tiene España para no perder casi una quinta parte de lo que es (los que dicen que esto es como un divorcio creo utilizan una analogía incorrecta, sería más adecuado hablar de una mano –España- que corre el riesgo de perder un dedo) pero el tiempo corre en su contra porque la batalla pedagógica está perdida entre los que hoy son adolescentes y muy pronto serán votantes. Creo que está bien impedir y desactivar el 1-O porque es ilegal pero de nada servirá si pasa como en 2014. Esto no les debe salir gratis a sus organizadores (no se explica la insistencia en mantener la convocatoria cuando el previsible resultado dará igual porque tiene menos garantías incluso que el 9N) ya que sabían los riesgos y deben pagar por su desafío al estado de derecho, mínimo con la inhabilitación para ocupar cargos públicos durante años. No hacerlo sería dar alas a que ocurra lo mismo de nuevo en un futuro muy cercano.

Pero es que además, necesitamos nuevos actores. Los actuales están quemados, ya han demostrado que no sirven y como he dicho siempre, incluso si al final no hay más remedio que una separación, será un desastre si no es por las buenas por lo que hace falta dialogar. Es por eso que no puede ser que la única medida que se tome sea castigar a los que a sabiendas desafiaron nuestro estado de derecho, debe hacerse pero la justicia no debe sustituir a la política; y hacen falta políticas generosas que combatan la enorme decepción que muchos en Cataluña sufrirán por haberse creído las mentiras de algunos que proclamaban que algo tan complejo políticamente, peligroso económicamente e improbable como la independencia, podía empezar en una semana. Y una de esas medidas creo es el anuncio de la retirada de Rajoy. Él, como la más alta autoridad del ejecutivo, es el máximo responsable –no digo culpable, porque eso está más repartido- de que se haya llegado a esta situación y por tanto, es evidente su fracaso ya que todo esto lo es. Si él dimitiera y convocara generales (¿coincidentes con las locales del próximo año por ejemplo?) o al menos anunciara su retirada al final de la legislatura y su partido nombrara otro candidato ya y éste –a ser posible alguien que no forme parte del gobierno actual- empezara a ocuparse de las negociaciones para un nuevo estatut y/o una reforma constitucional (si se implican el resto de fuerzas estatales) con los políticos que salgan de unas necesarias nuevas elecciones autonómicas en Cataluña, podría empezar una nueva etapa asumiendo ambos bandos que ninguno conseguirá todo lo que se propone, es decir, que habrá que ceder. Es necesario dejar todo esto atrás cuanto antes.