Macron es el hombre de moda. Hay tanto miedo en Europa a que pueda vencer Le Pen que está recibiendo apoyos y simpatías a derecha e izquierda además del apoyo de los mercados financieros, tanto de renta variable como de divisas (su victoria fortaleció el €). Su ascenso político ha sido meteórico, fue ministro de economía dos años de un gobierno socialista, partido con el que simpatizaba hasta que hace tan sólo un año fundó un movimiento de ideología “socioliberal” llamado En Marche! pero que no es un partido político como tal. Es evidente que tiene carisma y que ha conseguido conquistar el centro, ese espacio político en el que muchos votantes se sienten cómodos pero que es tan difícil de gestionar. De hecho, su victoria en las primarias francesas y su casi segura el 7 de mayo debe mucho al azar de la revelación de posibles “trabajos fantasmas” (por los que cobraron pero que nunca realizaron) de la mujer y los hijos de Fillon, candidato de la derecha que hasta ese momento estaba el primero en intención de voto.

Su biografía no es común: hijo de buena familia y buen estudiante –incluso de piano-, se graduó en Filosofía (con una tesis sobre Hegel, uno de los filósofos favoritos de Karl Marx) y Ciencias Políticas, además de estudiar para inspector de finanzas en la Escuela Nacional de Administración. Es decir, parecía alguien de letras que de repente decide estudiar economía para poder ser funcionario. De repente, se casa con una profesora 20 años mayor que él y poco tiempo después entra a trabajar en la Banca Rothschild y en los 4 años que está allí mejora mucho su nivel económico por lo que debió hacer un buen trabajo. Allí hace contactos de alto nivel que, unidos a sus aspiraciones políticas, le conducen a dejar el banco y apostar por la Administración, empieza a asesorar al presidente Hollande en 2012 (un año antes le había apoyado en las primarias del PS) y dos años después, es nombrado ministro. Cuando se va en 2016 aduce diferencias de criterio con Hollande pero es fácil suponer que pretendía salvarse del fuerte desgaste político que éste estaba sufriendo, así como el propio Partido Socialista.

Sus críticos insisten mucho en su etapa como bancario (pero no deja de ser normal que alguien que estudie finanzas desarrolle su profesión en una entidad financiera, eso no debería ser algo negativo), en su inexperiencia (falso, un asesor del presidente y ministro puede saber más sobre gobernar que una diputada de varias legislaturas como le Pen) y en el apoyo a las medidas de austeridad que empezó a aplicar Hollande desde 2012 pero su programa actual con el que venció hace unos días rezuma pragmatismo y huye de batallas ideológicas: hace guiños a la izquierda prometiendo, por ejemplo, aumentar el coste de los despidos y a la derecha queriendo reducir en un 2% el número de funcionarios pero lo que más nos atañe a nosotros es que está comprometido con los ideales de la UE. Con él no sé si a los franceses les irá mejor o peor, ni le conozco lo suficiente ni me inspira confianza (ignoro por qué) pero es cierto que para España parece un mejor presidente que Le Pen.

Rivera es quizás el candidato español que más se parece a Macron por esa capacidad para pactar con la derecha y la socialdemocracia desde una posición que intenta ser a la vez clásica y renovadora pero es erróneo intentar comparar un país y otro, Francia es muy peculiar. Por ejemplo, es el primero del mundo en gasto público pero en el que 4 de cada 10 votantes eligieron opciones radicales –demostrando su desafecto hacia el sistema actual- que prometían aún más gasto público.

También tiene un sistema político peculiar: el presidente tiene mucho poder, más que ningún otro en Europa, pero también necesita apoyos parlamentarios. El 11 y 18 de Junio habrá elecciones legislativas (y en septiembre al Senado) y no será fácil para Macron conseguir los apoyos que necesitará siendo un independiente sin ningún partido político propio detrás y teniendo que pactar a derecha e izquierda pero, a la vez, teniendo una fuerte oposición del neofascismo de Le Pen y del neocomunismo de Mélenchon, tan parecidos a su vez en tantos temas económicos.

Como comenté antes, los mercados han recibido con euforia el resultado de la Primera Vuelta de las Presidenciales francesas: máximos históricos en Wall Street, del Dax, del índice MSCI de bolsas mundiales… Para mi estos días son una excelente ocasión para deshacer posiciones y olvidarse de la bolsa hasta mínimo después del verano. Ha sido un primer tercio del año fantástico, con unas rentabilidades altísimas que no se corresponden para nada ni con la economía real presente ni con las expectativas, que han ignorado todos los riesgos incluyendo los políticos y geopolíticos que siguen estando ahí. Wall Street ya no tiene la ayuda incondicional de la FED (y si bien las empresas confían mucho en la reducción de impuestos prometida por Trump el trámite parlamentario no será sencillo) y aunque la renta variable europea puede seguir confiando en el BCE no así en sus políticos. Con Francia se esquivó una bala pero la inestabilidad puede ocurrir en cualquier momento con elecciones anticipadas en Italia o España y tanto la UE como la Eurozona siguen siendo vulnerables a que en algún país miembro gane una formación “anti-europeísta”. Tampoco le veo sentido al repunte del € ya que la política monetaria sigue siendo expansiva aquí y la contraria en los EUA lo que debería fortalecer al $, no parece que una alegría política puntual sea un cimiento sólido contra eso.

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