Pedro Antonio Sánchez, último presidente autonómico de Murcia, tiene, hasta el momento, 5 delitos atribuidos por la Fiscalía Anticorrupción: prevaricación, fraude contra la administración pública, falsedad en documento oficial,  malversación de caudales públicos y fraude en subvenciones. Por supuesto no está condenado y la inocencia debe presuponerse pero si existen las suficientes pruebas como para acusarle, ese debe ser motivo suficiente para apartarle de sus responsabilidades políticas. Eso es al menos a lo que se comprometió Rajoy con Rivera. Éste reaccionó insinuando que apoyaría la moción de censura que presentó el PSOE para forzar su dimisión, algo que por fin consiguió. Parece evidente que sin esa presión, que haría perder el gobierno regional al PP, seguiría en el puesto. De hecho, sigue como diputado y como presidente del partido en Murcia. Un caso más que demuestra que no es cierto que Rajoy luche contra la corrupción política (sólo lo hace obligado) y que es, cuando menos, cómplice de ella. Mientras no paran de salir más y más confirmaciones de la financiación ilegal del PP de Madrid. Y es el partido más votado de España.

Ramón Espinar consiguió, gracias a su padre –histórico del PSOE y condenado por las tarjetas black de Caja Madrid- el dinero para un piso de protección oficial por el que firmó en 2007 y recibió en marzo de 2010. Ni un mes después lo vendió ganando unos 20 mil € netos sin haber pasado ni una sola noche en el domicilio, Quedan dudas sobre por qué se lo adjudicaron pero lo cierto es que todo fue legal. El único problema es que el propio Espinar ha despotricado muchas veces contra los que especulan con viviendas y que tengo el convencimiento de que si lo mismo lo hubiera hecho un diputado del PP o de C´s todos los podemitas hubieran pedido su dimisión. En lugar de eso, le arroparon y los militantes le votaron en las primarias de Madrid. Hace unos días le pillaron comprando Coca Cola en el bar del Senado, días después de pedir que fuera prohibida su venta en él. Lo peor es que su líder, Pablo Iglesias, reaccionó afirmando algo que demuestra su clara tendencia dictatorial: “Por eso es mejor prohibirla, para que nadie caiga en la tentación”. ¿Esa es la nueva política, el niño de papá incoherente al que los suyos le ríen las gracias y el líder mesiánico que defiende eliminar nuestra capacidad de elección porque él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene? Y millones confían en ellos.

Podría decir muchas cosas también sobre dirigentes del PSOE y de C´s pero para no alargarme mucho voy a hablar de los políticos independentistas catalanes que están haciendo algo de lo más feo que puede hacerse: jugar con la ilusión de millones de personas. Desear que Cataluña sea una entidad política independiente es una opción legítima y para muchas personas es un sentimiento; hacerles creer que la independencia es algo factible en el corto plazo como llevan haciendo algunos desde hace años es cruel. La independencia de Cataluña sólo puede ser factible de forma amistosa y/o legal. Lo primero es harto improbable porque ningún gobierno español va a aceptar hacer a España más pobre, más pequeña y más deshabitada sin  luchar y lo segundo implicaría una reforma constitucional que necesitaría una mayoría parlamentaria también harto improbable. Podrán conseguir promesas de inversiones, o que la justicia condene sólo a inhabilitación lo que debería ser prevaricación –como acaba de pasar con el plebiscito del 9N- pero no van a conseguir la independencia.  Y menos sin ningún apoyo internacional. Y sabiéndolo, han engañado a todos sus votantes. Gabriel Rufián, del partido que todas las encuestas sitúan como el que tiene más intención de voto en Cataluña,  dijo hace 19 meses, junto a otros diputados independentistas: «No hay plan B: 18 meses en el Congreso; ni un día más». Y ahí sigue, y no es la primera vez que dan plazos y no los cumplen. Siguen mintiendo a sus votantes para mantener sus puestos, siguen conduciéndolos a una gran frustración y aun así, siguen teniendo un gran apoyo.

No tengo nada contra los españoles, he conocido personas de diversas nacionalidades y no creo que seamos peores que otros. Y sí, votamos a corruptos, a mentirosos, a personas que quieren coartar nuestras libertades básicas y que juegan con nuestros sentimientos… pero en todas partes cuecen habas y hay candidatos tan malos como los nuestros gobernando en muchos países. Además, la mayoría de los españoles votamos tapándonos la nariz, no encontramos mejores alternativas y elegimos al que creemos menos malo. Sin embargo, también hay mucha gente que sigue convencida y que confía ciegamente en sus “líderes”, que incluso cambia de opinión sobre algunos temas que han defendido toda su vida cuando ellos apoyan el criterio contrario, que hasta adecuan sus opiniones en política exterior a lo que diga que piensa “su” partido.

El caso de la reacción de tantos ante Trump y Putin es sintomático. Ambos son personajes autoritarios y ultranacionalistas, es decir, que harán lo que sea por sus respectivos imperios sin importarles nada más. Rusia y los EUA –como China- siempre han vetado en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier declaración contra alguno de sus aliados, no se les puede pedir objetividad; tan factible es que uno oculte un ataque de armas químicas ejecutado por un gobierno amigo como que otro lo utilice de excusa para imponer su autoridad y mejorar su popularidad incluso sin pruebas porque el pueblo sirio, como en su día pasó con el vietnamita o el afgano (y por supuesto, el español), es la menor de sus preocupaciones. En mi opinión todos deberíamos tenerles miedo a este par de personajes y sin embargo, es asombroso el número de personas, sobre todo en las redes, que prefieren ser peones de su guerra geopolítica propagandística y los defienden a capa y espada.

Me parece increíble que aún haya tantos que no comprendan que la primera misión de la mayoría de los políticos es mantener su puesto, que lo que hizo Antonio Hernando (defender la abstención días después de defender el “No es no”) para seguir siendo portavoz parlamentario de su grupo es lo habitual, no la excepción. Deberíamos ser escépticos en todo pero especialmente con los políticos.