Productividad, parece que esa es la clave  y propongo un trato. Seamos más productivos. ¿Y si lo hacemos a la par que reducimos nuestra jornada laboral? ¿Podrías condensar tu jornada laboral el 4 días?. Esto permitiría reducir los gastos energéticos de las empresas, beneficiar al medio ambiente, tener unos empleados más motivados y probablemente fomentar el consumo. Haríamos lo mismo pero consumiendo menos recursos y por tanto, más productivos.

Esta pregunta se la realizaron en el estado de Utah y en 2007 decidieron que sus empelados públicos condesasen la semana en 4 días, de Lunes a Jueves. En los primeros diez meses, el estado ahorró casi 2 millones de dólares en electricidad a los contribuyentes. Además al ser necesarios menos desplazamientos se estimó una reducción de gases efecto invernadero en más de 12.000 toneladas de CO2 al año.

El problema es que el fin de semana no lo era para todo el mundo, lo era solo para los funcionarios con lo que recibieron muchas quejas de los ciudadanos que sí debían trabajar los Viernes y no podían hacer sus gestiones públicas ese día, con lo que esta medida tuvo que ser abandonada.

Así que de Utah aprendemos una lección, la medida merece la pena y pero ha de aplicarse globalmente y quizás gradualmente y con ciertos matices.

En 1930, el economista John Maynard Keynes escribió en un artículo en el que pronosticaba que al cabo de 100 años –es decir, en 2030–, el crecimiento en el mundo desarrollado se habría detenido porque la gente tendría “suficiente” para llevar una “buena vida”. Las horas de trabajo remunerado se reducirían a tres al día: una semana de quince horas.

Falta 15 años y no parece que esa predicción se vaya a cumplir, todo lo contrario estaremos trabajando muchas más horas que hace 100 años. ¿Por qué? ¿Cómo puede ser que seamos varias veces más productivos y aún así trabajemos más? ¿No creamos robots precisamente para eso?

En El Economista recogían un artíclo de otro economista británico, Tim Harford, que lo analizaba.

Harford explica en el Financial Times, que por un lado parece razonable creer que la propensión a consumir de las familias nunca queda satisfecha. Es decir, que a pesar de que un empleo a tiempo parcial fuese suficiente para comer, tener una vivienda (en las afueras) y comprar la ropa necesaria; el ser humano siempre tiende a «querer tener un mejor coche, un traje mejor o una cocina más sibarita que la de los vecinos».

Otra razón que pudiera explicar por qué los empleados siguen trabajando unas 40 horas a la semana o incuso más es la ambición del ser humano por progresar: «En muchas carreras profesionales es complicado dar un salto hacía los niveles más altos de la empresa sin emplear muchas horas en el trabajo. No es fácil llegar a formar parte de la junta directiva trabajando 20 horas a la semana, sin importar el talento demostrado», explica Harford. Además, los ingresos reales de las familias están casi estancados desde 1970, por lo que acceder a un puesto alto dentro de la empresa pasa a ocupar un lugar preponderante.

Por tanto, seguramente si todo el mundo quisiese sería bastante factible tener fines de semana de 3 días e incluso más largo. Lo que pasa es que los Domingos, tras dos días cuidando de los hijos pensaríamos ¿Y si trabajo hoy? ¿No ganaría un poco más y con lo que gane hago una reforma en la casa?