De origen modesto (doblemente ya que su padre era el dueño de una papelería y se crio en Modesto, California), George Lucas (1944- ) estudió en la Escuela de Artes Cinematográficas, empezó a dirigir cortometrajes, se hizo amigo de Coppola y con 27 años fundó Lucasfilm Ltd. Con 29 una película que él dirige, American Graffiti (cuya banda sonora recomiendo) gana el Globo de Oro, con 30 años ya tiene preparado el guión de Star Wars y con 31 funda Industrial Light & Magic para producir los efectos especiales que necesitaba para la película. Sin embargo, no encuentra un estudio que se deje convencer por el proyecto. Finalmente, unos directivos de la Twenty Century Fox (que demostraron muy poco olfato comercial) aceptaron la novedosa propuesta de George Lucas: no cobrar nada como director pero a cambio recibir el 40% de las ganancias de taquilla y todos los derechos del merchandising. Tras el éxito de Star Wars en 1977, prescindió del estudio y consiguió créditos bancarios para las dos siguientes (y para las más recientes le bastó con su propia fortuna: en 1980 escribió y produjo En busca del Arca Perdida con la que también ganó mucho dinero). Hoy es lo que denominaríamos un rico de los del “1%”.

Por supuesto hay ricos que lo son por herencia o que lo son porque roban a los demás pero la mayoría son como él: personas que con su trabajo y su talento han conseguido hacer una fortuna, sea en el mundo del espectáculo o en el de los negocios. Y creo que del ejemplo de George Lucas podemos extraer dos conclusiones:

Así pues, si en general los que más ganan lo hacen porque su trabajo –o su talento, o su suerte- es mejor que los del resto y sus beneficios proceden de nuestra libertad como consumidores, no sólo sería contraproducente establecer límites salariales o a la riqueza (porque iría en nuestra contra ya que perderíamos esos productos que tanto nos gustan), es que además sería muy injusto. Ya hay un sistema de impuestos en el que el porcentaje mayor lo pagan quienes más ganan y quienes más beneficios obtienen, lo cual también es injusto pero es adecuado socialmente, más allá de eso no tiene sentido pretender que si alguien es capaz de generar millones, no se lleve un porcentaje de ello. Si un productor de Hollywood paga millones a una actriz es porque cree que su presencia le reportará mucho más beneficio en taquilla, si un club de la NBA paga muchísimo a un jugador es para que no se vaya a otro equipo y no perder aficionados y si una gran empresa proporciona un gran salario a un directivo es porque cree que su gestión lo vale.

En cada oficina hay quien cree que debería ganar más que otro, casi en cada profesión también, y además casi todos tenemos una opinión respecto a ello (por ejemplo, a mí me parece vergonzoso lo poco que gana el presidente del gobierno español, especialmente si lo comparamos con lo que gana el seleccionador nacional de fútbol). Por desgracia hay numerosos empleos en los que es muy difícil cuantificar la importancia de una labor pero en general no creo que los empresarios o los inversores o los directivos que deciden los grandes sueldos sean estúpidos, si los pagan es porque creen que merece la pena hacerlo. Soy el primero que no entiende la cantidad de muchos emolumentos pero mientras todo sea legal y el dinero con el que se les paga proceda de la libre voluntad de los consumidores, que al fin y al cabo somos los que proporcionamos el beneficio con el que se les paga, ¿qué problema hay? Que George Lucas tenga unos millones menos o que CR7 vea rebajado su sueldo no me va a proporcionar nada a mí. Que mientras se lo curren y lo generen, ganen lo que puedan y paguen impuestos por ello; como hacemos todos, incluso los que no tenemos tanto favor del público consumidor como para obtener millones por nuestro trabajo.