Ya en el primer viaje de Colón, la isla recién descubierta de Cuba fue denominada por el flamante almirante como “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto jamás”. Tanto por clima, como por la no demasiado belicosa acogida de los aborígenes se convirtió en un destino fundamental de gentes de todas clases y condiciones que se agolpaban en los puertos de salida de Castilla, bien para hacer fortuna en la propia isla, bien como etapa indispensable hacia los nuevos territorios que día a día se iban descubriendo en el continente.

El sector económico más importante en estos primeros años de la colonia fue la extracción de oro y cobre con el empleo de aborígenes encomendados, así como algunos esclavos negros que se integraron desde muy temprano al conglomerado étnico que siglos después constituiría el pueblo cubano. Posteriormente, se comenzaría a llevar a cabo la puesta en marcha de enormes zonas improductivas con la plantación de caña de azúcar y tabaco.

En virtud del sistema de flotas o de puerto único, todos los barcos con destino a la península tenían que concentrarse en el puerto de la Habana en unas determinadas fechas para poder constituir el convoy escoltado con rumbo a España, dicho puerto cubano experimentó un crecimiento sin precedentes, lo que hizo de la Habana una de las principales ciudades de América a mediados del siglo XVIII.

Es en esta etapa en la que, al igual que en la península, comienzan a observarse las primeras luchas sociales, acentuadas aquí por las leyes de monopolio de la Corona, que afectaron especialmente al sector tabaquero.

Pero es en el siglo XIX en el que se forma la identidad nacional cubana, auspiciada siempre bajo la poderosa vecindad del norte, llegándose incluso a formar una corriente dentro de la isla que defendía la anexión a Estados Unidos. Se urdieron planes para favorecer la invasión de la isla por parte del país norteamericano, al tiempo que se intentaba forzar la venta de la isla. Mientras tanto, España seguía sumida en el interminable rosario de alzamientos y guerras civiles que el siglo XIX le deparó, incapaz de hacer frente al descontento y las sucesivas crisis económicas y sociales que, tanto en la península, como en lo que ya restaba de sus escasas posesiones de ultramar, desgastaban las escasa fuerzas de lo que había sido un gran imperio.

Y llegó la independencia, después de una interminable guerra en la que el ejército español se vio superado por los insurrectos, puso la puntilla la declaración de guerra de Estados Unidos, que sólo sirvió para acabar con la obsoleta flota española y acelerar un final que ya era inevitable.

Así se inició el periodo de ocupación estadounidense de la isla, con el que las medidas económicas impuestas lograron, por un lado, el incipiente saneamiento económico de la isla y, por otro, la retirada de aranceles a los productos norteamericanos, lo que supuso una invasión de los mismos. Con lo cual se sentaron las bases de un dominio económico total por parte del vecino del norte.

Entró el nuevo siglo con una mejora de la economía cubana y, aunque la presión de la intervención estadounidense era cada vez mayor (hubo incluso una segunda ocupación armada, que se zanjó con la creación del Ejército Permanente Cubano, que posibilitaría el no tener que volver a invadir la isla), al calor de la primera guerra mundial, la situación económica atravesó su mejor momento. Aunque se apreciaban dos grandes debilidades: la dependencia de Estados Unidos y el basar su economía en el mercado del azúcar de modo casi exclusivo.

La crisis del 29 afectó gravemente a la economía cubana, que inició un periodo de crisis e inestabilidad social que culminaría con el ascenso de Fulgencio Batista. Éste, fuertemente apoyado por Estados Unidos planificó, en unión con la mafia estadounidense, la construcción de una red de hoteles y casinos a lo largo de todo el malecón habanero, a cambio de una millonaria suma. Durante la década de los 50, La Habana estuvo llena de casinos, prostitución, tráfico de drogas al servicio de organizaciones criminales estadounidenses, policías corruptos y políticos elegidos de manera fraudulenta.

Batista alentó el juego de azar a gran escala en La Habana. En 1955, se anunció que Cuba concedería una licencia de juego a cualquiera que invirtiera un millón de dólares estadounidenses en un hotel y doscientos mil en una nueva discoteca, y que el gobierno proporcionaría fondos públicos para la construcción de los casinos, una exención fiscal de diez años, y que no se aplicaran los derechos sobre los equipos importados y muebles de los nuevos hoteles. Cada casino pagaría al gobierno 250.000 dólares por la licencia más un porcentaje de las ganancias. El blanqueo de dinero, el tráfico de drogas y la prostitución se convirtieron en negocios principales en la economía de la isla.

En ese momento, el analfabetismo, el desempleo y el atraso social y cultural eran generalizados en el país. Había 200.000 campesinos sin tierra estando improductivas 300.000 hectáreas de tierra en manos extranjeras o de terratenientes cubanos. Pero los planes del dictador se centraban en mejorar las relaciones con Estados Unidos, embellecer las ciudades con potencial turístico y centrar la actividad de la isla en convertir a Cuba en el destino vacacional y de ocio principal del país vecino.

Este fue el escenario a partir del cual se desarrolló la revolución cubana, que rompió, como ocurre con todos los giros de 180º, con todo lo bueno y lo malo de la etapa anterior. Además, el bloqueo y la presión ejercida por Estados Unidos, sólo ayudaron a que Cuba se apoyase más en el entonces pujante bloque comunista. Éste, dada la importancia estratégica de la isla, apoyó la revolución y subvencionó la economía cubana hasta la caída del muro. Sólo por amargar a su rival, pagó a precio de oro todo el azúcar que cuba produjo esos años.

La caída del bloque soviético dejó a Cuba sin patrocinador. De hecho, supuso la pérdida de los casi 5000 millones de dólares anuales que el gobierno de la Unión Soviética proveía a Cuba como ayuda, en forma de exportaciones garantizadas para el mercado cubano del azúcar y la obtención de petróleo barato. Y así, desde 1.991 la isla malvivió de sus acuerdos con China, Argentina, Brasil y, sobre todo, de Venezuela. Sólo en la actualidad parecen renacer los acuerdos con Rusia, al tiempo que vuelve a barajarse la posibilidad de convertir el país en destino turístico de primer orden, de la mano de empresas estadounidenses, pero también de españolas o francesas.

Como anécdota final, decir que Batista moriría en su exilio dorado en 1.973, en Marbella, estando de hecho enterrado en Madrid. Nunca se supo realmente ni cuanto logró evadir de la isla, ni cuanto pagó a la España de Franco para que se le permitiera vivir tranquilo sus años finales.