Hoy es el sorteo de la lotería, lo cual significa el comienzo oficial de la Navidad también conocido como día de «lo importante es tener salud» así que tenía varios temas sobre los que hablar, por un lado la sentencia del suelo de las hipotecas, por otro la hucha de las pensiones, por otro la mochila austriaca y por último la revolución del blockchain en el sistema financiero. He hecho una encuesta a mi alrededor sobre cuál de los cuatro temas era más navideño llegando a la conclusión de que lo mejor era contaros un cuento.

Así que os traigo uno, bueno realmente es resumen (a mi manera) de «La lotería de Babilonia» de Jorge Luis Borges (o José Luis Borges según Rajoy) .

En Babilonia tenían una lotería bastante similar a la nuestra. Tu participabas y si tenías suerte obtenías un premio, los babilonios estaban entusiasmados, imagínate que todas las semanas fuese la lotería de navidad. Una locura. Pero con el paso del tiempo se cansaron de ella y dejaron de jugar, así que la empresa organizadora empezó a perder dinero. A los de Marketing se les ocurrió meterle un poco de riesgo al asunto y decidieron que por cada 30 premios habría un premio «negativo», que significaba para el implicado el pago de una fuerte suma de dinero que, de no ser saldada, le acarreaba al desafortunado crueles castigos físicos. Este riego añadido despertó de nuevo el interés del público,se puso muy de moda, tanto que los que no jugaban eran mirados mal. Tal era la importancia de esta lotería que acarreó importantes disturbios, así que se decidió que fuese secreta, gratuita y general. Todos participaban y los premios eran intransferibles. Si te tocaba una castigo físico, no podías pagar a alguien para que lo recibiese por ti.

Quedó abolida la venta mercenaria de suertes. Todo hombre libre automáticamente participaba en los sorteos sagrados, que se efectuaban en los laberintos del dios cada sesenta noches y que determinaban su destino hasta el otro ejercicio. Las consecuencias eran incalculables. Una jugada feliz podía motivar su elevación al concilio de magos o la prisión de un enemigo (notorio o íntimo) o el encontrar, en la pacífica tiniebla del cuarto, la mujer que empieza a inquietarnos o que no esperábamos rever; una jugada adversa: la mutilación, la variada infamia, la muerte

Con el paso de los años, el funcionamiento se fue perfeccionando y la gente jugaba (eso si, por obligación) sin preocuparse sobre sus reglas, quienes eran los ganadores y cuales eran los nuevos premios y castigos introducidos.

Ese funcionamiento silencioso, comparable al de Dios, provoca toda suerte de conjeturas. Alguna abominablemente insinúa que hace ya siglos que no existe la Compañía y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra la juzga eterna y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo.

Como veis, esta lotería es la vida misma. Tendemos a menospreciar el azar y al factor suerte en nuestras vidas, creemos que todo ocurre por alguna razón y nos desconsuela pensar que a veces las cosas suceden porque si, por azar, por buena o mala suerte. Es triste pensar que el éxito y el fracaso depende en gran medida de la diosa fortuna

Hoy muchos juegan a la lotería de Navidad pero todos jugamos a la de Babilonia, esa que nos toca cuando decimos «lo importante es tener salud».