Tres años después del fallido intento de Eurovegas en Madrid, el mundo del ocio y del juego vuelve a llamar a las puertas de la capital con otra inversión multimillonaria. En este caso de la compañía estadounidense The Cordish, que invertirá 2.200 millones de euros en su construcción y estará ubicado en un terreno de 134 hectáreas cercano al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, en la zona del Corredor del Henares, según el diseño presentado por el grupo al Gobierno regional.

El proyecto en cuestión, llamado “Live! Resorts”, es mucho más realista y menos pretencioso que el de Sheldon Adelson, contempla una inversión de hasta 3.000, si las condiciones del mercado lo permiten, y la creación de más de 56.000 empleos, entre directos e indirectos.

Tras hacer público el acuerdo y contemplando lo actuado hasta ahora y lo presentado del proyecto, ya se advierten importantes diferencias que pueden hacer que este proyecto salga adelante y no acabe como Eurovegas, convertido en promesas sin sentido y humo.

La principal diferencia es el cambio de concepto. El proyecto de Adelson tenía como principal premisa el juego, girando todo el complejo alrededor de los casinos, de tal modo que hasta requería cambios en la legislación nacional y autonómica para amoldarse a este objetivo principal.

El proyecto de Cordish tiene como premisa fundamental el ocio, dentro del cual está incluido el juego, pero no como actividad principal. De hecho, en el proyecto presentado el juego supone entre un 5 y un 10% de la actividad, siendo la actividad principal el ocio familiar, incluyendo también actividades deportivas y centros comerciales.

La segunda diferencia son las maneras. Mientras que la negociación de Eurovegas nació a raíz un simple folleto, la negociación de “Live! Resort” se ha llevado a cabo a partir de un informe con el que se ha negociado con la Comunidad de Madrid en secreto y ha culminado con la presentación en el registro de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid de un amplio dosier, en el que se recogen todos los detalles del proyecto.

Otra diferencia importante tiene que ver con la propia viabilidad del proyecto y con la seriedad de quien lo presenta. El proyecto Eurovegas pretendía poner sobre la mesa algo menos de 2.700 millones de euros, frente a los 7.600 necesarios sólo para la primera fase; las otras dos fases se financiarían con la propia Eurovegas, hasta un total de 18.000 millones. Esto sin contar con la inversión a realizar por la Comunidad de Madrid, en lo que a expropiaciones de terrenos y dotación de infraestructuras urbanísticas y de transporte se refería. La empresa dio la espantada en diciembre del 2013 sin haber invertido ni un euro.

El proyecto actual es de 2.200 millones, ampliables hasta 3.000, si la cosa va bien, y, demostrando que la cosa va en serio, la promotora anuncia haber adquirido terrenos con 134 hectáreas en Torres de la Alameda. Allí se desarrollará un proyecto que girará en torno a una plaza central que contará con un hotel, tiendas, salas de cine y un teatro estilo Broadway, restaurantes, un circo, etc. En definitiva, cuatro hoteles de cuatro y cinco estrellas, con 2.700 habitaciones, más de 100.000 metros cuadrados para tiendas y ocio, 275.000 metros cuadrados de repartidos en tres centros de convenciones y 45.000 metros cuadrados de oficinas. A cambio, la Comunidad de Madrid deberá hacer frente a modificaciones en la red de infraestructuras para facilitar el acceso al futuro complejo.

Pero, además, la diferencia más escandalosa estriba en las peticiones que Las Vegas Sands realizaron de modificación de leyes que afectaban a su actividad. Ejemplos son las negociaciones para conseguir un trato preferente en el Impuesto de Sociedades, o en el IRPF de los trabajadores extranjeros que vinieran con el proyecto, o la petición para que los premios tributasen sólo en el país de origen del turista y no en España. Además de modificaciones y tratos de favor en la Ley Antitabaco o el intentar que los menores pudieran acceder a las salas de juego. Y lo más inverosímil: que tuviera que indemnizarse a Las Vegas Sands en caso de cambio regulatorio, lo que blindaba los beneficios de Eurovegas además de atentar contra el derecho comunitario por distorsionar la libre competencia.

El nuevo proyecto sólo tendrá una de las prebendas que Adelson logró arrancar al gobierno regional: la reducción de la tributación de los casinos del 45% al 10% que la Comunidad de Madrid realizó para contentar a Adelson.

En definitiva, un proyecto mucho más realista y viable que parte de la idea del promotor del proyecto, David Cordish, de encontrar una región de altos ingresos, bien comunicada y magnetismo para el comercio. Tardará entre 18 y 24 meses en la construcción, lo que podría llevar a una primera fase abierta en 2019 o 2020. No precisará de ningún cambio legislativo, ni subvenciones públicas y se estima que atraerá 1,6 millones de turistas al año.

Lo curioso del caso es que, con esos números, nuestro pujante sector turístico, que desea separarse de la imagen de “sol y playa”, haya sido incapaz de ver la posibilidad de este negocio. El tiempo dirá si nuestro sector no es tan pujante o si el proyecto se aboca al desastre.