Publica la agencia de calificación Fitch un informe que otorga a la deuda española una calificación de BBB+, alertando del fuerte endeudamiento al tiempo que destaca la diversidad en la composición del PIB. El informe, que habla del empleo, del alto nivel de endeudamiento o de las reformas llevadas a cabo, toca el tema de la posibilidad de una tercera cita electoral. La conclusión de este informe es que, aunque no hay una definición clara, existe una cierta aversión de los agentes económicos a la celebración de unos terceros comicios. El motivo de que se haya relajado la incertidumbre económica por motivos políticos es porque parece haberse conjurado la posibilidad de un gobierno liderado por Podemos, aunque siga existiendo el riesgo de que el próximo gobierno sea incapaz de mantener suficientes apoyos para gobernar con eficacia, lo que podría conducir a elecciones anticipadas.

El caso es que nuestros políticos parecen haberse empeñado en dar emoción hasta el final a la formación de gobierno. Con un aspirante a presidente que no quiere enfrentarse al proceso de investidura hasta que no tenga claro del mismo saldrá triunfante. Con un aspirante a jefe de la oposición que niega una y otra vez cualquier tipo de apoyo, activo o pasivo, que permita a su rival acariciar los laureles. Un líder de la tercera fuerza política desaparecido y un cuarto líder activo, siendo el único que realmente muestra ganas de dialogar y negociar, a pesar de ser el que menos puede ofrecer, salvo el apoyo moral que a Rajoy le puede suponer el no sentirse tan solo.

Tal es así la situación que ya ningún candidato se priva de hablar de la posibilidad de una vuelta a las urnas. De hecho, ya hay fecha para si se diera el caso: sería nuestro regalo de Navidad del 25 de diciembre. Una pena, yo hubiera preferido el 28 y papeletas en forma de monigote.

Sin embargo, si analizamos el caso desde una perspectiva puramente de costes quizás podamos intuir por donde van a ir los tiros en las próximas semanas. Por un lado, mirando a qué formación política le merece la pena repetir las elecciones, la respuesta no puede ser otra que el Partido Popular, al que ya le benefició la segunda votación y al que las encuestas le siguen dando un aumento paulatino de votos. Por otro lado, las otras tres formaciones, en mayor o menor grado continuarían su retroceso, por lo que serían los primeros perjudicados en repetir la aventura de las urnas. Lo único que está claro es que el castigo en una tercera votación se cernería sobre el partido, o los partidos, que bloqueasen el proceso de constitución de gobierno a los ojos del electorado. Es por eso que la lógica dicta que la estrategia del PSOE será optar por el no en primera votación y abstenerse en la segunda “por el bien de la estabilidad y la gobernabilidad”, sin pactos con el PP para no pillarse los dedos y poder así bloquear cualquier medida que el previsible gobierno en minoría pudiera tratar de llevar a cabo posteriormente.

Quizás ese sea el motivo por el que el PP no estaría dispuesto a intentar la formación de gobierno en minoría, porque le habrían permitido ser presidente para no poder gobernar. Este es el punto en el que el partido de Rajoy no quiere pillarse los dedos y estarían dispuestos a no aceptar presentar su candidatura al Rey, porque candidato sí, pero cándido no.

Por eso el PP anda como loco por conseguir que el PSOE se involucre de alguna manera en un acuerdo de gobernabilidad, acuerdo para el que ha presentado un documento (PDF) que establece las líneas básicas de un marco de entendimiento para negociar las reformas institucionales, la política económica, la política educativa y la política social. Este documento pone de manifiesto las coincidencias entre PP, PSOE y Ciudadanos en sus respectivos programas, como el avance en la recuperación, la reforma del modelo de financiación, la voluntad de pactos en educación, ciencia y cultura, un pacto social o el fortalecimiento institucional.

En el documento se señalan puntos concretos del pacto PSOE-Ciudadanos firmado en la anterior legislatura que el PP podría asumir, como las medidas de apoyo a autónomos, la apuesta por la innovación tecnológica, el pacto nacional del agua, la “mochila austriaca”, refuerzo de la lucha contra el fraude fiscal, abordar el régimen de las SICAVs, un pacto por la educación, otro por la ciencia, una cartera común de servicios que garantice el acceso en condiciones de igualdad en toda España o una reforma electoral, además de medidas concretas contra la corrupción entre las que incluyen la reducción de los aforamientos. En definitiva, mucho humo, mucha palabrería y pocos compromisos concretos de cambios sustanciales.

Por ahora sólo Ciudadanos, sin nada que perder, ha aceptado suscribir el acuerdo, lo que le permite colocarse la medalla al mejor negociador. Sólo falta ver el pulso entre PP, impelido de forma cada vez más perentoria por la obligación de intentar formar gobierno, y PSOE, obligado a tensar la cuerda lo máximo posible sin llegar a romperla, que podría significar un desastre para el partido. ¿Y Podemos? No se sabe, ni está ni se le espera. No entran en las quinielas por ahora, imagino que simplemente esperan a que llegue su momento.