Que las vacaciones de verano son el mejor momento del año para descansar y reponer fuerzas para encarar el fin de año con nuevas energías es algo que por sabido no deja de ser en muchas ocasiones falso. De hecho, son los problemas y las dificultades que convierten el descanso estival en una odisea lo que más ayuda a considerar la vuelta al trabajo y a la rutina diaria como una bendición. Y es que, al margen del calor excesivo, de los precios abusivos y de los trastornos corporales que provocan el hecho de alejarse uno de su entorno, sólo el hecho de llegar al deseado destino vacacional (o volver de él, según donde te pille) puede ser digno del más esforzado argonauta.

Y todo debido a que el periodo estival coincide con el periodo de huelgas del sector transporte. Ya hace un mes avisó RENFE, con una huelga que pareció de juguete, comparado con lo que podría haber sido. El motivo, el descontento de los maquinistas porque la compañía podría estar incumpliendo el calendario de jubilaciones y de nuevas incorporaciones. El caso es que la huelga se ha venido realizando en días concretos, afectando en su mayor parte a mercancías y ferrocarril de vía estrecha y cumpliendo más o menos los servicios mínimos.

El segundo aldabonazo, y este ha sido más grave, lo ha protagonizado Vueling. Y aunque no ha sido una huelga, miles de usuarios se han visto afectados por cancelaciones y retrasos que tienen su origen en una pésima gestión, saturada en cuanto la demanda crece más de lo previsto. En este caso, la compañía de bajo coste de IAG, hermanada con Iberia, ha demostrado tener una falta de planificación que dio lugar a fallos operacionales de bulto (escalas demasiado cortas, descoordinación entre departamentos inexperiencia y deficiencias técnicas, falta de personal de tierra e incluso insuficientes pilotos y aeronaves) que provocaron un derrumbe en cadena de toda la actividad de la compañía. La defensa de la compañía ha sido que todo fue un problema puntual agravado por el cierre nocturno de los aeropuertos pequeños, la operativa interna del aeropuerto de Barcelona (epicentro del descontrol) y las huelgas que sacudían a Francia esos días.

El tercer gran momento de viajar está por llegar. Entre el 30 de julio y el 2 de agosto (coincidiendo con el mayor movimiento vacacional de pasajeros) está convocada la huelga de pilotos de Air Europa. El motivo la creación de Air Europa Express, tras la compra de Aeronova, a la que se están traspasando once aviones de la matriz, así como parte de su carga de trabajo. Las tripulaciones para la nueva «low cost» se están contratando fuera de Air Europa, “a bajo coste y sin convenio”, ya que no se rigen por el de la matriz, que, por otro lado, se encuentra investigación judicial. Dicha externalización de la producción afecta directamente a la progresión profesional de los pilotos de Air Europa, ya que sin compra de Aeronova las necesidades de nuevos pilotos serían de 144, de los que 72 serían comandantes mediante promoción interna y 71 copilotos en virtud de nuevos contratos. Con la compra solo existe necesidad de 34 nuevos pilotos y únicamente 17 trabajadores pueden optar a una promoción interna. Esto ha provocado que con 322 votos de 380 participantes (de un total de 436 afiliados al todopoderoso organismo sindical SEPLA dentro de la compañía) hayan votado a favor del paro ininterrumpido de cuatro días “con una cierta intencionalidad en las fechas”, según el propio sindicato.

Por su parte, Air Europa recuerda que el criterio seguido por el Gobierno a la hora de decretar los servicios mínimos ha sido mantener el 100% de los vuelos transoceánicos, así como la totalidad de los vuelos con origen y destino a Canarias y Baleares y los interislas. En lo que se refiere al resto de vuelos, se ha venido garantizando un porcentaje de la operación con el objetivo de minimizar el impacto de la huelga entre los pasajeros. Así mismo, la compañía lamenta profundamente la situación originada y pide disculpas a todos los pasajeros que puedan verse afectados por los paros, afirma que está acometiendo todas las acciones que “están a su alcance” para proteger a los clientes de la aerolínea y dar todas las facilidades posibles a los pasajeros que se vean afectados para defender sus intereses.

En definitiva, si se va a viajar en esas fechas, no hay que olvidarse del paquete básico del “viajero atrapado en el aeropuerto”, que incluye elementos de higiene básica, víveres y agua en abundancia, baterías y cargadores para móvil, tablets y todo lo que pueda servir para entretener a los niños, si los hubiera, y un cargamento extra de paciencia, que siempre es preferible esperar en el aeropuerto que en el cuartelillo de la Guardia Civil por intentar incendiar un puesto de facturación de la compañía en cuestión.