Tres días antes de nuestra cita electoral Europa se juega buena parte de su futuro y su prestigio (tan decaído desde hace varios años). El 23 de junio tendrá lugar la votación del referéndum en el Reino Unido sobre la permanencia o no del mismo en la Unión Europea. Y parece que las cosas no pintan bien para los europeístas ya que, según una encuesta realizada por el diario The Independient, los partidarios de abandonar la Unión tienen una ventaja de 10 puntos sobre los partidarios de continuar en la misma. Este resultado se suma y empeora al de las otras dos consultas realizadas, en las que se daba en la primera una victoria ajustada del “Brexit” y en la otra un empate técnico. Como curiosidad, Escocia, la región independentista del Reino Unido, ofrece un resultado del 60% a favor de continuar dentro de Europa.

Esta será la segunda vez que Gran Bretaña vaya a las urnas para consultar a su población si continúan o no en la aventura europea. La primera fue en 1975, y en ella todos los principales partidos políticos y la prensa apoyaron la continuidad en el mercado común. Sin embargo, hubo fracturas internas significativas entre los miembros del gobierno laborista, por lo que se dio libertad a los miembros del partido para que hiciesen campaña libremente por la opción que quisieran. El resultado fue la permanencia en la Comunidad Económica Europea, que era como se denominaba entonces la UE, con un 67% de los votos.

Para los partidarios de la salida de la UE los argumentos son básicamente tres: Mayor control de la inmigración, mejor posición para negociar acuerdos comerciales y una liberación de la enrevesada burocracia comunitaria. Los europeístas, sin embargo, argumentan que la pérdida de soberanía se ve compensada con los beneficios de pertenecer a la UE y alertan de los riesgos para la prosperidad económica británica de una hipotética salida, ya que se vería reducida la influencia internacional británica al tiempo que aumentarían las barreras comerciales entre el Reino Unido y la UE. Lo que no se logra rebatir de ninguna manera, de hecho se obvia, es el tema de la burocracia europea, que por compleja, excesiva y en la mayor parte de los casos inoperante, es uno de los principales lastres a la hora de impulsar políticas renovadoras en Europa.

Por su parte, el desgastado primer ministro Cameron, no hace sino enumerar las dificultades a las que se enfrentaría el Reino Unido de salir adelante la propuesta de salida de la UE, desde que implicaría la salida del Banco Europeo de Inversiones, que en los últimos tres años ha dedicado más de 16.000 millones de libras (20.160 millones de euros) al Reino Unido, hasta que las pensiones podrían verse afectadas en un futuro inmediato debido al previsible efecto de disminución de crecimiento económico que supondría el abandono de la Unión.

En cuanto a lo que a España se refiere, el 79% de las empresas españolas con filiales en el Reino Unido se muestran muy preocupadas ante el escenario de la salida. Siendo la inversión en el Reino Unido la que sufriría el gran frenazo. Sólo el 3% de estas empresas consideran que su situación mejoraría. La situación no mejora en lo que se refiere a empresas del resto de Europa con filial en Gran Bretaña. El posible parón de la inversión extranjera si los británicos votan por romper con Bruselas es una de las razones que arguye Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, para advertir que el Brexit podría provocar una recesión en Reino Unido y desplomar el valor de la libra.

Por otro lado, un informe de S&P sitúa a nuestro país como la octava economía más afectada si este escenario se diera, debido a las grandes inversiones realizadas por las empresas españolas en suelo británico, sobre todo en sectores como la banca -Santander, BBVA y Sabadell- y las telecomunicaciones (Telefónica). En lo que respecta a la balanza comercial no se aprecia un efecto  importante, siendo la economía más afectada Irlanda. La incógnita quedaría ligada al sector turismo.

Pero hay otro efecto colateral que nos afecta y es la situación de Gibraltar tras la hipotética salida. Es cierto que la UE ha actuado de parachoques entre los gobiernos español y británico en lo que a Gibraltar se refiere. Este escudo desaparecería y podría dar lugar a un relanzamiento de las exigencias españolas que volverían a chocar con la firmeza británica, lo que podría dar lugar a nuevos episodios de cierres de la verja, además de una mayor presión sobre la economía gibraltareña, asentada en el juego online y en los servicios financieros y aprovechándose del estatus especial que tiene hoy en día en el seno de la Unión. El impacto que podría tener sobre la economía del peñón y sus aledaños en España son incalculables; hay que tener en cuenta que la economía gibraltareña tiene un impacto económico en el Campo de Gibraltar de 587 millones de libras anuales (unos 743 millones de euros), la cuarta parte del PIB de la zona y que el paso fronterizo de Gibraltar ve transitar cada semana a unos 350 camiones con abastecimientos para la colonia, en su mayoría españoles, y salir a decenas de gibraltareños, normalmente de alto poder adquisitivo, que tienen una residencia en territorio español o que, con su consumo, incentivan la precaria economía de municipios como La Línea de La Concepción.