D – Eres doctor en economía, impartes clases en Madrid, también cursos on-line, eres co-fundador de una empresa de investigación centrada en China, eres gestor, agricultor, te pasas la vida en aeropuertos, colaboras en varios medios escritos y hace poco puse la 1 y te vi hablando del déficit. La primera pregunta es muy obvia: ¿cómo puedes dedicarte a tantas cosas cuando aún no has cumplido los 26, o es por eso mismo que tienes tanta energía?

J.S. – Desde pequeño, mantengo una disciplina férrea en cuanto al tiempo y la organización de cada hora del día. Ciertamente, cada día que pasa es agotador y siempre tienes detrás a mucha gente (sean familiares, amigos o conocidos) que te está advirtiendo constantemente de los peligros de seguir este ritmo de vida, sobre todo sobre la salud. A pesar de esto, me propuse hace años aprovechar todo lo que pudiera los primeros años de carrera profesional y dar todo lo mejor de mí, con una mentalidad muy clara de largo plazo y de ser todo lo útil que pudiera para la sociedad.

Como decimos siempre los economistas, el beneficio siempre tiene que ser superior al coste en cualquier actividad de la vida que se prolonga en el tiempo. Con esta mentalidad, lo más complicado es ser disciplinado tanto con los tiempos como con uno mismo y reconocer siempre los errores. Más que trabajar por no defraudar a nadie (siempre aparecerá alguien sobre el cual no habrás estado a la altura o no habrás hecho bien tu trabajo) es clave trabajar para ser honrado con uno mismo y estar allí donde alguien, aunque no lo conozcas, necesite de tu ayuda. Si olvidamos esta dimensión ética de la vida profesional, mal iremos.

D – Bueno, vayamos al lío. Eres residente en Reino Unido desde que estudiaste allí la carrera universitaria luego el referéndum del Brexit te toca muy de cerca, ¿Cuál es tu opinión sobre el resultado y qué consecuencias, si las hay, puede tener para España si gana el Brexit?

J.S. – El posible «Brexit» es, en el fondo, una reacción de los políticos británicos (también de la sociedad) a décadas de construcción de una Unión Europea burocratizada, intervencionista y con una obsesión tremenda por controlar todo. Aunque, en el fondo, la idea tiene bastante sentido, la forma de plantearlo y los objetivos no son los adecuados y estos podrían provocar un empobrecimiento notable de la sociedad británica. Tenemos que ser realistas: la mayor parte de las exportaciones de Reino Unido van a Europa y la mayor parte de los inversores extranjeros en Reino Unido provienen de la UE. Si a esto sumamos que el mundo tiende a una integración total entre los diferentes bloques económicos, no tiene mucho sentido que territorios pequeños (o aunque fueran grandes en importancia económica) en lo que se refiere a lo económico, emprendan experimentos secesionistas de los que poco o nada se sabe sobre su futuro.

Tanto la idea como la ejecución del referéndum, parten de una cuestión puramente política: Cameron gana las Elecciones el año pasado con un discurso más hostil hacia la Unión Europea para atraer el voto de los indecisos y, sobre todo, de los más anti-europeos de su partido que se planteaban quedarse en su casa (la abstención) o votar a UKIP, una fuerza nacionalista con un tipo como Nigel Farage muy dado a exagerar el discurso político. Aunque en el fondo a Cameron no le interesa la salida de Reino Unido de la Unión Europea porque sabe que se quedaría fuera del ámbito de decisión de los asuntos importantes en Occidente, no le quedaba más remedio que convocar el referéndum e intentar que el resultado sea «mantenerse» dentro de Europa. Están en juego casi 16 millones de turistas que van a España todos los años con un fuerte gasto per cápita y con un poder adquisitivo importante gracias a la fortaleza de la libra esterlina.

En los próximos tiempos, veremos cómo se intensificará la campaña por la permanencia en Europa por parte de las instituciones pero, sobre todo, por parte del sector financiero. Al fin y al cabo, una salida de UK de la UE provocaría una fuga de capitales notable hacia otras partes, probablemente a Frankfurt entre otras plazas financieras. Lo que menos le gusta al dinero son las barreras y, precisamente, lo primero que se crearía con un Reino Unido fuera de Europa serían barreras tanto arancelarias como no arancelarias. Por eso, y por el impacto sobre la economía del día a día (muchas empresas europeas controlan desde los aeropuertos hasta el suministro de electricidad, pasando por los grandes bancos) y por ser un viaje hacia no se sabe dónde, apuesto por un voto mayoritariamente favorable a quedarse dentro de Europa. A esta campaña a favor de quedarse en Europa le falta hacer visible el beneficio que un británico tiene estando dentro de Europa frente al coste que sí es visible (inmigración, leyes,…).

D – También como español, hay otra convocatoria electoral cuyo resultado imagino te preocupará: la del 26J y te pido que ejerzas de “politólogo”: ¿qué podemos esperar tras el 26J si como dicen las encuestas el equilibrio de fuerzas será similar al del 20D, habrá alguna diferencia cara a la formación de un gobierno si UP supera al PSOE?

J.S. – En este caso, el resultado lo tengo menos claro. En este momento, la probabilidad de que haya un gobierno de izquierda en concentración ha bajado después de que entre estas fuerzas no hayan sido capaces de alcanzar un acuerdo. Teniendo en cuenta el carácter del votante que dibujamos en Economía (un ser cortoplacista, de memoria corta y que rechaza ser responsable de su decisión), el resultado final va a depender de las próximas 3 semanas, de los mensajes que lancen los distintos políticos y, sobre todo, cuánto de populistas o «bien intencionados» puedan mostrarse.

No nos engañemos: el coste de información que tiene un votante es enorme. Por eso, prefiere eslóganes, mensajes cortos y sencillos que no le hagan pensar mucho y sobre todo mucha imagen. Importa poco que un político sea riguroso, veraz o disciplinado o que tenga una carrera profesional notable. Lo que de verdad importa (y al que la gente vota) es que el político sea cuanto más populista mejor, oír de él lo que uno quiere oír y que ese político dé la apariencia de que va a solucionar los problemas del votante. Esto es lo que explica, por ejemplo, que una fuerza populista y con un programa electoral absolutamente inviable en lo económico pueda llegar a ser la segunda fuerza política en España.

D – ¿Cómo afectará todo esto a la economía española, va a ser 2016 un año perdido?

J.S. – Los últimos datos de la Contabilidad Nacional Trimestral, leídos de forma aislada, han provocado la euforia del actual Gobierno en funciones. Sin embargo, no estamos para euforias ni tampoco para «velos» que nos impiden ver la realidad. La gestión que se ha hecho de la incertidumbre política está costando dinero, sobre todo en paralización de proyectos y llegada de inversiones. Particularmente preocupante (y así lo han subrayado nuestros amigos de chat) es el comportamiento del sector exterior y de la tasa de ahorro nacional.

Tenemos que ser conscientes de que los «vientos de cola» que nos han llevado a crecer son sólo eso, vientos de cola. Que el barril de petróleo haya alcanzado mínimos, que el euro cotice barato con respecto al dólar o que la liquidez se nos salga por las orejas por obra y gracia del BCE, no son razones suficientes para sostener un ritmo de crecimiento como el actual. Más bien, lo que nos advierte es de que tenemos que seguir haciendo muchos cambios (muchísimos) en la economía española. Y el primero, sin duda, es crecer en productividad. Esto no se consigue a golpe de ley orgánica ni tampoco con cosas tipo «Deus ex machina» como la educación. Se consigue reformando de arriba a abajo las instituciones tanto formales como informales que tenemos en la economía española. Países con gente muy educada han terminado hundidos. La educación no lo es todo. La calidad de las instituciones, el respeto a la propiedad o el cumplimiento de los contratos, es casi todo.

D – La incertidumbre por el desenlace de la consulta del Bréxit y por la convocatoria electoral española, ¿son motivos suficientes para olvidarse de la bolsa en el corto plazo? Y a medio, tú que analizas empresas y recomiendas inversiones, ¿Puedes darnos alguna pista a los demás?

J.S. – El hartazgo de los inversores por la enorme volatilidad de los mercados (que no riesgo) ha llevado a que tengamos en las Bolsas volúmenes muy bajos y que con menos dinero, los inversores sean capaces de mover más el mercado. Hay un componente clave en todo este proceso. Hemos llegado a un punto en el que no sabemos cuánto vale el dinero, si el mes que viene el Banco Central de turno va a decidir poner el dinero gratis o incluso en negativo o si los Gobiernos van a seguir incrementando la deuda pública a ritmos exponenciales.

Por eso, como no sabemos cuánto valen las cosas (cuánto vale nuestro consumo en el presente y cuánto valdría en el futuro) y vemos que algo que costaba dinero ahora es gratis (el crédito) llegamos a la conclusión de que es señal de que la economía va mal y, por tanto, nos volvemos aún más aversos al riesgo, no pedimos dinero prestado, preferimos consumir en el presente frente al futuro y, por si fuera poco, los bancos tampoco están dispuestos a hacer funcionar el mecanismo del crédito porque necesitan reducir deuda y sanear sus balances.

Con este panorama, los inversores se han vuelto muy cortoplacistas, están siempre pendientes del «dato», confían demasiado en la relación entre el «dato» y lo que dice el «consenso de mercado» y mueven mercado con muy poca visión de futuro. Por eso, la labor del analista y la del gestor que sí piensa a largo plazo es terriblemente complicada. Detectar valor y justificar las posiciones cuando todo el mundo hace lo contrario, es muy difícil también para mantener la imagen del gestor o del analista. Más aún cuando alguien que está convencido de que un negocio no funciona y ve que se dispara de forma artificial en Bolsa, ¿qué discurso se puede hacer de cara al público? ¿Qué se le puede decir a un cliente que se pone particularmente nervioso cuando ve que algo sube sin parar aunque no esté justificado?

D – Los datos europeos parecen indicar que la Eurozona está teniendo un comportamiento algo mejor al temido hace unos meses, ¿están funcionando las medidas del BCE?

J.S. – Las medidas del BCE están encaminadas a forzar como sea el crédito (eso que los economistas llamamos pomposamente «mecanismo de transmisión de la política monetaria»). Es como si en una cañería que está rota metemos más y más agua. Obviamente, más dinero en el mercado provoca una ilusión momentánea de crecimiento en el corto plazo. Más aún cuando por la parte del consumo público (animado por más financiación y más deuda) también aumenta y, por tanto, contribuye de forma positiva al PIB. Europa tiene todavía que encontrar una forma de salir adelante y aprovechar las múltiples oportunidades que se le presenta en forma de tratados de libre comercio y acuerdos comerciales.

D – ¿Están tan mal los bancos como reflejan sus cotizaciones bursátiles, especialmente en Italia y España?

J.S. – Las cotizaciones bursátiles, en algunos casos, no llegan a reflejar en su totalidad los problemas que tiene la banca europea. Yo diría que todavía están sobrevalorados con respecto a su capacidad real de generación de beneficios. El sector bancario es, sin duda, uno de los sectores más perjudicados por estos años de crisis y la actual política monetaria de los Bancos Centrales. El grave problema de la banca es que tiene que encontrar un modelo de negocio a largo plazo, el cual no tiene hoy. No hay negocios «seguros» ni tampoco generación de márgenes con actividades antaño tan lucrativas como el crédito al ladrillo. Por eso, es normal la desconfianza y la prudencia en torno a los bancos, los cuales tienen que reestructurar de arriba a abajo sus negocios, reducir su exceso de capacidad y redirigir su esfuerzo hacia un modelo de «servicios» que realmente cubran las necesidades del cliente frente al anterior modelo de «producto».

Si a esto añadimos la presión regulatoria que tendrán en el futuro, la banca terminará siendo una sucursal del BCE, un negocio que no ganará dinero pero que sí podrá sostenerse en el tiempo por ser esbirros privilegiados de los Bancos Centrales. Así de triste puede llegar a ser la situación.

D –Dado que tienes intereses personales en China, supongo que te asombrará leer las cosas que se dicen sobre aquel país por personas que apenas lo conocen, ¿puedes aclararnos si China va a caer y destrozar la economía global como algunos creen o seguirá mejorando aunque sea a un menor ritmo?

J.S. – Sobre China se han vertido millones de barbaridades en los últimos meses tanto en los medios de comunicación nacionales como internacionales. Esto tiene una explicación: China, a pesar de ser la segunda mayor economía del mundo, es un gran desconocido. Y ya se sabe que ante lo desconocido, lo más sencillo y más barato es hablar de oídas y realizar pocos esfuerzos por saber qué es lo que está pasando internamente.

Básicamente, China pasa por una etapa de cambio y transformación radical, la cual tiene consecuencias enormemente positivas y de futuro pero además consecuencias negativas, especialmente sobre aquellas economías y sectores que han dependido más de un crecimiento que parecía que no tenía fin. Y, como todo en la vida, todo tiene un fin. Ha llegado el momento de que China se convierta en una economía de servicios, con unas tasas de crecimiento más moderadas y con un peso sobre la economía mundial creciente. Que China crezca menos, no es una mala noticia para el resto del mundo. Al contrario: la contribución del crecimiento de China a la economía mundial sigue creciendo y lo hará todavía más en los próximos años.

Otra cosa es que estos procesos en economías tan grandes y sin precedentes en la Historia no tengan riesgos o problemas. Claro que los hay. Esto está provocando tensiones entre políticos, funcionarios, burócratas, jefes de empresas y con los propios chinos de a pie. Sin embargo, a pesar de lo que sucede en Occidente, los chinos saben perfectamente que todo los sacrificios que hacen en el presente se van a convertir en ganancias amplias a futuro. Pero lo fácil para los medios occidentales (la mayor parte de ellos sin fuentes directas dentro de China o incluso «capados») es hablar de «China se hunde» o el «momento Lehman» de China.

D – Y desde un punto de vista del inversor ¿China es el gran riesgo para las bolsas o los hay mayores?

J.S. – El riesgo no es China sino todos aquellos países que dependen de China y que no han diversificado sus estructuras productivas en los últimos años. Para países como Brasil, Turquía, Sudáfrica y la mayor parte de los países emergentes, era muy fácil subirse al carro del ciclo de las materias primas y pasar 25 años de ganancias ininterrumpidas por obra y gracia de la subida de las commodities. Pero, como decíamos antes, nada dura eternamente y menos en países donde ha ido más deprisa el desarrollo de la sociedad civil que el de sus instituciones. De ahí los graves problemas de corrupción, proliferación del terrorismo islámico o desintegración territorial, entre otros.

Dada la alta exposición del mercado español a Latam y la presencia de muchas empresas cotizadas tanto en Europa como en Estados Unidos en los países emergentes, los inversores están siendo prudentes a la hora de tomar posiciones en ellas. También le ocurre a Japón, tercera mayor economía del mundo, pero con unos problemas económicos terribles y un sistema prácticamente destrozado después de 20 años de envejecimiento acelerado de la población, dinero gratis y tipos de interés reales negativos.

D – Una última pregunta. Aunque faltan meses, ¿Crees que hay posibilidades reales de que Trump pueda ganar las presidenciales USA? Y si es así, ¿una vez en el cargo se moderará o será tan radical como en sus declaraciones, crees que puede ser un factor de inestabilidad para la economía global y para los mercados?

J.S. – Yo creo que Trump también tiene una justificación o refleja los cambios que se están produciendo en el electorado americano. Después de ocho años de pérdida de poder y deterioro de la posición de Estados Unidos provocada por Obama, el discurso de Trump alienta a aquellos (que son mayoría) que defienden un poder casi omnímodo de US en todo el mundo y cuestiones tan básicas como la inmigración, los impuestos, la calidad de vida o la educación/sanidad.

Aunque pueda parecer radical y sea el objeto preciado de crítica por parte de casi todo el mundo en Europa, es muy probable que si llega a la Casa Blanca, su discurso se modere y pueda llevar a cabo algunas cuestiones esenciales en este momento para los americanos. Lo que más me asusta de Trump (pero así llevamos casi 100 años) es su defensa de la política monetaria de la FED y su disposición a que el dinero sea gratis.

Te preguntaría sobre muchos más temas (los emergentes, Japón, el TTIP, la deflación…) pero no quiero abusar. Agradecerte tus respuestas y recordar a los lectores que Javier es uno de los 14 fundadores, entre los que me incluyo, de un grupo independiente de estudios económicos que acaba de estrenar web:http://thinknomicsglobal.com/