Cada vez que el jugador del Arsenal Aaron Ramsey mete un gol los famosos se conmueven y es que es de todos conocidos la maldición que persigue a sus tantos. Steve Jobs, Gadaf, Bin Laden, Paul Walker, David Bowie, Nancy Reagan son sólo alguna de las víctimas que han fallecido tras alguno de sus 26 goles con los «gunners».

¿Qué hay realmente detrás de esta maldición?

En El Confidencial lo analizaron con bastante atino.

El último responsable del efecto Ramsey, junto a las matemáticas y al amor humano por las casualidades, es nuestro propio cerebro. Este órgano ha evolucionado para almacenar información de forma selectiva y detectar patrones. El conocido como ‘sesgo de confirmación’ es la tendencia a favorecer la información que confirma las creencias personales, sean políticas o mágicas. Este fenómeno en nuestra memoria es el verdadero origen de la percepción extrasensorial. Cuando pensamos en nuestra pareja y en ese momento nos llama, quedamos impresionados por la casualidad, obviando las cien ocasiones en las que esto no sucedió.

El pobre Aaron se ha convertido ya en una especie de leyenda urbana y da igual que todos los días se muera algún famoso, su historia se ha viralizado y le perseguirá hasta que cuelgue las botas pese a que la estadística no confirme su maldición.

El sesgo de confirmación nos afecta en muchos aspectos de la vida, desde la explicación de fenómenos paranormales hasta cosas más terrenales como la medicina e incluso las finanzas. Aquí os dan unos ejemplos muy buenos.

Compras acciones de bolsa a un valor de 20€, y al cabo de un tiempo se han revalorizado hasta 30€, en ese momento empiezan a circular rumores sobre una posible caída de la bolsa, ¿es razonable vender? Parece que si, al fin y al cabo has ganado 10€ por acción. Ahora bien, ¿y si las acciones te hubieran costado 35? ¿venderías ahora? Lo normal es que no lo hagas, esperando a tiempos mejores para recuperar. Pero ¿no es más razonable minimizar la pérdica a 5€ (35€-30€) en vez de jugárnosla y perder aún más? De hecho, lo más probable es que se acabe perdiendo más dinero. La respuesta, somos más razonables ante las ganancias que antes las pérdidas.

Generalmente nos gusta tener la razón aunque nos cueste dinero. Si invertimos en algo tendemos a dar más importancia a aquella información que confirma nuestra inversión. Si compramos una vivienda daremos más credibilidad a las noticias que dicen que su precio sube y en plena burbuja inmobiliaria negamos las señales de bajadas.

Por otro lado, en la bolsa están constantemente en busca de la «piedra filosofal del inversor» ese indicador adelantado que nos permita predecir los movimientos del mercado, un ejemplo a lo «Aaron Ramsey» lo tenemos en la Super Bowl que dice que si el equipo vencedor pertenece a la liga National Football Conference (NFC), los inversores deberían esperar una tendencia que la bolsa cierre en positivo ese año. Lo curioso de este indicador es que hasta el momento ha acertado el 80% de las veces, aunque quizás tenga más que ver con que los equipos de la NFC son mejores y el índice Dow Jones sube más años de los que baja.

Muchas veces confundimos casualidad con causalidad y si ésta además nos confirma nuestras creencias corremos el peligro de llegar a comprar acciones de Telefonica porque el delantero de nuestro equipo mete un gol…